viernes, 22 de enero de 2016

El mendigo y sus dos euros

Sucedió una tarde hermosa, durante el pasado verano. Camino del estanco en un banco de piedra sentado, placido y tranquilo, con la mirada curiosa enredada en mil cosas que por delante le pasaban, encontré un mendigo que en ese momento no mendigaba y llevaba unos días haciendo su peculiar forma de turismo en nuestras calles, y de hecho mendigar le había visto en otras ocasiones.

Con sobrados motivos para suponer que su situación económica bien poco o nada podía haber cambiado en un puñado de días urge rauda en mi bolsillo, odio los monederos, y me saque una moneda gorda que en seguida, para alegría del mendigo, dejo de ser mía. Y continué mi camino.



Llegada al estanco espere y una de las dependientes una vez despachado un cliente se me puso a atender, mientras otra terminaba de servir al suyo y su jefe se encargaba de otro. Nada parecía ocurrir que fuera significativo o fuera de lo acostumbrado. Nada hasta que ocurrió.

Estando yo a medio servir entra el mendigo, en principio no se percato de mi presencia, señala todo feliz el expositor que hay sobre el mostrador, contiene una muestra de diferentes tipos de cigarritos, cosa fina, preciosos, de esos mismos a los que un pasado no muy lejano fui yo tan aficionada. Entonces el pide dos, la dependiente abre el expositor y del tipo que él pidió saca dos y el muestra una moneda de dos euros que alguien le acababa de dar. Por desgracia para el pobre hombre es entonces cuando me se fija en mí, me reconoce, e ipso facto se le muda la faz, toda su alegría se le va al embaldosado del suelo vía la suela de sus tenis, ya me lo temía yo, pero no se me ocurre que hacer para evitar eso.

Entonces la dependienta llama a su jefe, le señala los dos puritos primero, luego al mendigo, el jefe los mira, a ellos primero, luego a él, y le dice a ella “no le cobres” y ella se los da sin más, por la forma en que ha ocurrido se nota que no es la primera vez que pasa algo parecido, el mendigo, con los dos puritos ya en la mano se va, nada dice, yo siento que en realidad huye.

Huye herido, cabizbajo, avergonzado, herido, lastimado, cabizbajo, herido. Y, yo me alegro que el gesto de la dependienta y del jefe sirvan, que estoy segura que sirven, para lavar un poco esa herida y componer algo esa faz. Pero me hubiera gustado encontrar algo que decir, pero ni ose intentar tal, me detuvo el temor a hurgar en herida abierta y terminar haciendo más daño con ello que bien. Tampoco es que me diera mucho tiempo a nada, todo fue muy raudo.



Pero me hubiera gustado explicarle que no soy tonta, y que solo los tontos pueden creer que no es correcto lo que él hizo. Claro que es correcto. A partir del momento en que le di los dos euros la moneda fue suya y solo suya, sobre ella yo ya no tenia derecho de clase alguna y solo él y nadie más podía saber en que podía invertir mejor esa mezquina cantidad o parte de ella.

Sé que buena parte de la población considera el fumar vil y repugnante costumbre, que el tabaco es considerado un vicio y que como sabe o se quiere que sepa todo nacido entre cristianos los vicios tienen por madre la debilidad humana y por ella la indignidad personal y por padre al mismísimo diablo y que es, por supuesto, cosa de tontos pagar el vicio ajeno. Pero yo nunca he formado parte de esa “humanidad”.

Decía Confucio que él compraba arroz para poder vivir y flores para tener motivos para vivir.



Para vivir antes aun que el pan y el aire necesitamos motivos para vivir, mal nacido hay que ser para ante el pelotón de ejecución negar un pitillo al condenado, hasta los desalmados pueden ofrecer uno.

Sé, por experiencia propia, vivida en mi propia carne, que a veces aun más que el aire se puede necesitar un pitillo, una sonrisa, una barra de carmín o simplemente un rayo de Sol, cualquier cosa que nos haga sentir que vale la pena vivir, que somos personas no bultos, que tenemos dignidad.

No somos plantas. Las plantas necesitan algunas cosas y otras no. Necesitan tierra, agua, sol... pero no necesitan ser comprendidas, respetadas, aceptadas, tener esperanza, olvidar por un momento sus penas, saborear aunque sea por un instante una ilusión. Las plantas no necesitan soñar. Pero nuestra vida es sueño, no solo en el sentido que le daba a la palabra Calderón de la Barca, es sueño sí y mucho en ese sentido pero lo es sobre todo en el de que para vivir necesitamos soñar que vale la pena vivir. Tener anhelos, esperanzas, fantasías bonitas, deseos que satisfacer.

Una vida que solo busque comer, beber, dormir y no pasar frio no es una vida humana digna. Considerar que esas son las únicas necesidades de un ser humano es insultar a la especie humana. Los seres humanos no solo necesitamos todo eso, también necesitamos según dicen amor y respecto. Dudo que necesitemos amor, pero de que necesitamos respecto estoy segura, del amor dudo por motivos que hoy me voy a callar. Pero si alguien dice que necesitamos todo eso y solo eso de nuevo se está insultando a la especie humana.

Necesitamos también la fiesta y el poder de vez en cuando de descansar de nuestras penas, de nuestros dolores, de sentir que no todo es malo en la vida, sentir que a veces escampa, de sentir que aun hay y tenemos un lugar para la alegría, incluso si solo puede ser pasajera.



Para gustos colores, cada cual es un mundo y no para todos funciona lo mismo pero...

A veces un ser humano puede tener más necesidad de un pitillo que del aire que respira. Y, es que aun hay hambres peores que aquella que el pan puede saciar.


5 comentarios:

  1. De acuerdo con que las personas necesitamos algo más para vivir que resolver nuestras necesidades básicas... pero discrepo contigo en una cosa: necesitamos también amor para vivir, sea de una o más personas, de una mascota, o propio.
    Saludos!

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  2. Mmmm...

    No había pensado en lo del amor propio, en cuanto tal... pero probablemente tienes en eso razón.

    En cuanto a los otros amores...
    Me es imposible llevarme bien con esa palabra ya que nunca tengo muy claro a que se refiere la gente cuando la usa. Para mí esos amores son la guinda del pastel, pero el pastel sin guinda también tiene sentido. De todos modos me "apunto" tu comentario para volver a pensar sobre ello más adelante, no vaya ser que tengas más razón de la que ahora me parece :-)

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  3. Me he emocionado con el escrito y le pido disculpas si fui tan duro con que el dejar el tabaco puede matar, sólo nos matamos nosotros quise decir, pero no me dejé explicar, o mejor como decía Lacan "la muerte es del dominio de la fe".
    Si una meta tengo en mis diatribas o mejor en mis escritos es el de amar, encontrar amor digno en la amistad es algo que muy pocos pueden hacer, pues no todo el mundo debe saber ni sabe qué es el amor, afortunadamente.

    Vicent

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  4. No acierto a ver razón alguna para que me pida disculpas Vincent. Es más me he releido su comentario de entonces no fuera ser que se me hubiera escapado algún aspecto de él, pero de nuevo nada encontré allí que necesite ser disculpado. No entiendo que ve de duro en sus palabras de entonces, ni que puedo haber hecho yo para despertar en usted la sensación de que esa dureza, si es que la hay, me pueda resultar molesta o desagradable o hiriente o lo que sea.

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  5. Porque las palabras son como "mantras" y hay que estar muy seguro de decir algo sin ofender y yo lo hice sin la seguridad de no ofenderla, un poco a boleo. Y no suelo escribir casi nada que antes no haya sentido positivamente.

    Vicent

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