viernes, 18 de mayo de 2018

La muerte de un perro

Me encuentro en una cafetería, un hombre entra y ambos nos llevamos la sorpresa de encontrarnos de ese modo. El entra solo a por tabaco, que donde está viendo el partido de fútbol no lo venden. Yo me he conectado a la Wi-Fi para ver que novedades hay en un grupo de Facebook, no lo quiero abandonar aun, a él pronto le va comenzar el segundo tiempo del partido. Pero quedamos para después. Termino, ya no hay más novedades, salgo y acabo compartiendo la mesa de él, quedan aun unos minutos de partido. Hablamos, termina el partido, salimos. Caminamos.

 Es entonces cuando me lo cuenta, ayer, me dice, saliendo de casa, se cruza con un vecino que pasea un perro, de los de raza pequeña, alegre y juguetón, que rápido da vueltas entorno a su dueño a la vez que ambos avanzan. En eso el perro entra más de la cuenta en la carretera, quizá para evitar de ese forma chocar con los dos ancianos que se les cruzan de frente en la misma acera. Y ocurre entonces que a un conductor se le hace imposible frenar a tiempo su coche.

El coche golpea la cabeza del perro, no se produce sangre pero el perro muere en el acto. Mi amigo ve entonces como su dueño lo toma en brazos, se acerca con él a un portal, se sienta sobre el escalón, casi rozando el suelo, que da acceso al portal, con el cadáver en las rodillas, mudo el hombre, contempla el pequeño cuerpo al que acaricia una y otra vez pese a ser consciente de que es un cadáver lo que acaricia. Un cadáver, pero mucho más que eso también.

Comprendo que ha estado esperando para contarme eso. Antes, entre la gente que veía el partido no parecía adecuado, demasiada gente para algo como eso. En la soledad de nuestro paseo en común ya es diferente. Y, comprendo que quiere, espera, que diga yo algo, y busco algo que decir, estos días ando en carne viva con la muerte de una amiga de la que jamás le hable a él. Y, se me aviva la llama del recuerdo, y de otros recuerdos más.

Me vuelve a la memoria la noche aquella en que esperando el último autobús para el pueblo, a las afueras de Santiago de Compostela, al otro lado de la carretera veo llegar un perro, de esos que aquí llamamos “palleiro”, cruce de mil razas, hijo de mil azares, llega corriendo, feliz de y por yo no sé pero feliz, cruza la carretera, sortea el primer coche del lado suyo, pero el primero del mio le pasa por encima, el coche no para, sigue, yo lo veo perderse en la distancia y que otros vienen ya, entonces entro en la carretera y tomo en brazos al perro que aun vive, un coche frena mientras su conductora nos mira, luego sigue su camino cuando salgo de la carretera y tiendo el perro sobre la acera, otro coche sigue al de ella, solo un tercer coche aparca a nuestro lado y de él se baja un hombre, se nos acerca, me pregunta, le cuento que al menos una de las ruedas le paso por encima del vientre y parte del pecho. Entonces también el comprende que no hay nada que hacer, no tarde ni dos minutos el perro en morir. Una vez muerto el hombre me da la mano, nos despedimos, sube al coche, se va. Nos quedamos solos el cadáver y yo, y cuando finalmente llega el autobús ya solo queda el cadáver y la acera. Me pregunto cuanto tiempo tardaran los posibles dueños en dar con el cadáver, si es que lo encuentran. Esa noche si lo esperan sera en vano.

 

Me vienen a la mente otras muertes, pero nada en ellas que pueda ser útil a mi amigo. Guardo entonces silencio, el espera más el silencio continua. Veo con claridad que él ha tomado consciencia de que el perro no era propiedad de su dueño, si no que era un amigo. Y, que por ello la muerte del perro no fue la muerte de una “maquina – biológica - carente de alma”, pues los amigos son siempre personas con sus necesidades, derechos y dignidad propios. Pero el ahora eso ya lo sabé, aunque ya antes, me consta, lo sospechaba, las caricias a un cadáver aun caliente le han hecho comprender que también los animales tienen alma o lo que quiera que entendamos por alma. Que con frecuencia no se la sepamos ver solo prueba nuestra ignorancia y no otra cosa.

D.E.P

miércoles, 21 de marzo de 2018

Cuando toca ser “la otra”

Ocurrió, aquella tarde, que se celebraba el funeral de un vecino y que mi madre había pillado una gripe. Hay ciertos compromisos sociales entre vecinos, al menos donde vivo, normalmente a tales actos va ella, pero ella no podía y, aunque no suelo participar en ellos, entre que ella no podía y que yo estimaba al difunto, allá me fui.

Hasta aquí todo normal.

Allí estábamos la viuda, el par de hijos, la esposa del mayor, un puñado de nietos, otros familiares, amigos de la familia, vecinos y ella, “la otra”.

Al terminar el funeral, dentro aun de la iglesia ocurrió lo que suele ocurrir, saludos entre familiares que ya solo se suelen ver en tales ocasiones, bautizos o bodas. Quise esperar para saludar a la viuda, pues siempre recordare el abrazo que entre lloros me dio la noche de la muerte del marido, “¡foise o meu compañeiriño!”, y mientras esperaba la ocasión, me fije en “la otra” que bastante apartada esperaba al hijo menor del difunto.


“La otra” era vecina del hijo menor, de la esposa de este y de un par de niños que los tienen por padres. Vecina, pues, de lo que en el barrio y la familia de él se consideraba un matrimonio ejemplar. Y, solo vecina hasta que un día la esposa descubrió que en realidad la vecina y su marido llevaban casi dos años siendo amantes. Seguro que la mayor parte de los posibles lectores que se pasen por este texto se imaginaran, aceptaran y comprenderán, la reacción de la esposa cuando se entero. Esa noche él ya no durmió en casa y no lo ha vuelto hacer desde entonces, ni se espera que lo vuelva hacer.

Él y la vecina se mudaron entonces y ahora simplemente comparten piso pero bien lejos de donde se conocieron. Han formado una nueva pareja.

No quiero hablar de él, pero quizá deba aclarar que desde mi punto de vista cualquier opción sexual libremente elegida es siempre correcta en la persona que libremente la elige. Promiscuidad o castidad y todo el abanico posible, homosexualidad o heterosexualidad, todas la variantes a gusto del consumidor, las veo correctas si son una opción libre y personal. Una de esas es la de formar pareja, aunque esto hace que cambie un pequeño detalle, pequeño pero esencial, una pareja puede acordar lo que le venga en gana, desde sexo libre, intercambio de parejas, montar tríos, etc y estará bien si eso es lo acordado. Pero el acuerdo es cosa de dos, no puedes acordar una cosa y luego saltarte el acuerdo aprovechando que la otra parte no te ve. Si el acuerdo, explicito o no, es de mutua fidelidad sexual no es honorable saltase el acuerdo, y aun menos si lo mantienes oculto para de esa forma asegurar el mantenimiento de la pareja. Si lo has hecho tu pareja tiene derecho a saber lo que ha pasado, en caso contrario ya no esta manteniendo la relación de forma libre ya que se le hurta información que necesita para elegir libremente. Sí tienes una relación de pareja con acuerdo de fidelidad sexual y fallas y lo rompes eso solo es un fallo, que se le va hacer nadie es perfecto, que la otra persona decida si le sigue o no interesando mantener esa relación, pero si se lo ocultas, si le engañas, entonces lo que estas haciendo es impedirle tomar su decisión, la que sea y con ello violando su libertad. Mientras lo primero me parece que puede ser incluso fácilmente perdonable, lo segundo lo encuentro profundamente repugnante y vil en extremo.

Pero “la otra” no falto a ningún compromiso. Ella no tenía pareja de ninguna clase. Pero la acabo teniendo, en él.


Me duele que la madre de él no la deje ir a casa de la madre cuando va él, que en ese funeral ella se mantuviera a parte del resto de la familia, presente pero ajena para los demás. Hay algo que me gustaría que comprendierais. Yo defiendo el derecho a romper la pareja por motivos de infidelidad, por la misma razón que defiendo cualquier otra opción sexual en libertad. Defiendo el derecho de esa esposa de mandar a la mierda al marido. Nadie tiene el derecho de obligar a esa mujer a mantener una relación que no es lo que ella busca y se le ha hecho creer que tenia. Pero, salvo que lo halláis vivido, estoy segura que no os imagináis, ni podéis sospechar, lo que duele, hasta que extremo te quema por dentro, te desgarra el alma y te revienta el aire en los pulmones ver como estas en la obligación o cuando menos necesidad de sonreír al hombre que quieres cuando sabes y el sabe que lo sabes, que te viene de la cama de otra y volver a sonreír cuando de nuevo sabes y sabe que sabes, que vuelve a la cama de esa otra, que ella es su pareja y tu en cambio “la otra”, que solo está contigo cuando no necesita estar con ella o no le apetece estar. Lo que duele que todo ese desgarro sea un desgarro que la sociedad, tus propios vecinos, consideran que no tienes derecho a sentir, que tu dolor no te ahoga el alma cuando sí te la está ahogando. Que no lloras cuando lo estas esperando, que no te quedas rota cuando lo ves que se va. Y, tus noches se vuelven infierno sabiendo como sabes que mientras lloras él esta con ella y tu imaginación se desborda sabiendo lo que sabes. Solo aquellos desgraciados que lo han vivido y saben lo que es ser “la otra” o “el otro” saben lo que ocurre entonces. Como te defiendes de tu dolor volviendo tu autoestima pequeña, cuanto menor mejor, ya que solo de ese modo se te vuelve el sufrimiento soportable, solo de ese modo el dolor parece no encontrar donde morder. Solo de esa manera puedes resistir un día más tus ganas de aullar y gritar a los mil vientos para desahogar tu sufrimiento al cosmos, sin esperanza de que la humanidad te comprenda, pues sabes que no quiere comprender.

Sí, ella fue “la otra” durante casi dos años, y no por “festejar” ocasionalmente que existe el sexo. Se enamoro. Y todo indica que hubiera aguantado aun más esa tortura de no haber tenido la suerte de que la esposa se enterara y pusiera fin al tormento. ¿Os habéis preguntado alguna vez cuanto hace falta querer a un ser humano para consentir y soportar eso? La mayor parte de las “buenas esposas” y los “buenos esposos” no lo consiente bajo ningún concepto y los que lo hacen siguen teniendo la mayor parte del tiempo y de forma publica a su pareja para ellos, en cambio “la otra” o “el otro” solo le pueden tener a escondidas y solo en forma de migajas. No cualquiera sirve para querer de esa forma.

Por eso cuando la vi allí, no lo pude ni quise evitar, me acerque a ella y comencé a presentar a ella a toda la familia de él, dado que no los conozco del todo bien, puede que alguna prima segunda se la haya presentado como prima tercera o algo por el estilo, pero salvo a la madre que a tanto no me atreví le presente a todos aquellos cuyo nombre conozco. Pero si no la comprendéis a ella pienso que con seguridad tampoco me comprenderéis a mí.

Era, simplemente, mi obligación.


miércoles, 7 de febrero de 2018

Un bebe, un bautizo, un padrino

El es un hombre del que hay poco que pueda contar, pero no es alguien cuya presencia me resulte cómoda. Aunque niego ser gallega, es el precio de querer presumir de ciudadana del mundo y no solo de una parte, la realidad, por supuesto, es que tanta década viviendo en Galicia me ha hecho tomar más de una cosa de los gallegos y los gallegos no respetan gran cosa a aquel que se pasa el día haciendo chistes vengan o no a cuento. Pero eso es precisamente lo que hace él, no para de contar chistes, no para de bromear y no para de encontrar gracioso cosas que nadie más encuentra graciosas. Todo lo cual es para un gallego normal interpretado como síntoma de inmadurez emocional e intelectual. Vamos, que en vez de un hombre nos parece un adolescente a destiempo, y torpe ante la vida. Incluso ante un andaluz, que tienen fama de ser muy amigos del buen humor, pienso que le ocurriría lo mismo, ya que el humor que los andaluces aprecian es un humor amable con la vida, y el de él no lo es, y destinado a hacer agradables los días a todo el que se le cruza en la vida en ese momento y el suyo tiene por destino mostrar yo no sé que especial agudeza suya. Dicho esto hay otras dos cosas que, se me ocurre, decir sobre el hombre.

Una que si le pedís un favor lo más probable es que comience a protestar por ello, aunque es igual de probable que os haga el favor, ya, sin esperar a terminar de protestar. Otro es que cuando su nació su sobrino su hermana lo quiso bautizar, aunque es atea, y dado que ella es una gallega no seria si no muy pero que muy seria, y por lo tanto conservadora, le quiso buscar al hijo un padrino. Y, la tradición, al menos aquí, dice que si tienes un hermano ese debe ser el padrino. Y, eso la atormentaba ya que tampoco ella encuentra grata la compañía del hermano, supongo que por eso me busco, por primera vez en su vida, y es que con mi fama de ser yo “rara” le debí parecer la persona idónea para ayudarla a, por una vez en la vida, ser capaz de mandar a paseo la tradición y hacer algo contrario a las costumbres. Ella tiene un hermano, un montón de primas y un primo. Sonrojada me contó que no quería al hermano como padrino y que estaba dudando si no pedir a su primo que lo fuera. 



A su primo apenas lo conozco, pero tiene fama de hombre cabal, hecho y derecho, que hace mucho, pero que mucho, que dejo la adolescencia atrás y bien superada. Pero yo sé algunas cosas de él, que ella ignora, secretos a los que no se debe poner cara, y por lo tanto aunque los pueda contar aquí, por no tener él aquí cara, a ella no pude, él fue uno de los últimos en hacer el servicio militar en la época en que aun era obligatoria, lo cumplió a unas diez o doce horas en tren de su casa, allí conoció a la que hoy es su mujer y fue ella la que me contó como lloraba él echando de menos a la madre y que por ello comprendió ella, que acabada la mili de él y pese a que allí el futuro laboral, de ambos, era mucho mejor que aquí, se tendría que venir con él para Galicia, ya que allí él se le “moría”, expresión esa suya que no mía. Y, como las primeras veces que se durmieron juntos, el despertaba aterrorizado y dando un brinco cuando sus cuerpos se rozaban y por no estar acostumbrado, aun dormido, él notaba un cuerpo ajeno en aquella cama. Nada de eso le pude contar, pero si le dije que en caso de incendio de la casa familiar, si su primo ve que ha quedado dentro de la casa el niño, entrara o no entrara a por él, dependiendo de si ve o no un buen lugar por el que entrar, si es que entra que puede que no, pero si entra lo más probable es que el miedo lo ciegue y no de encontrado la salida, con lo que alguien más tendrá que entrar para poder sacar al niño y al primo con él. En cambio su hermano, no se detendrá a mirar si hay o no una buena entrada, le bastara con ver si hay una posibilidad, la que sea, de entrar, y de sacar al niño, si es una posibilidad entre cien le bastara, pero si es una entre mil o más también le bastara y una vez dentro tomara el niño y lo sacara. Y, lo haría incluso aunque el niño en vez de un sobrino fuera un desconocido.

Algo, más, pienso, en la forma en que lo dije que en lo que dije la llevo a ella a decidir lo contrario que esperaba decidir con mi ayuda. Por eso hoy, aunque no fue la tradición la que decidió, si no el sentido común, el padrino de su hijo es su hermano.

Y, es que al menos en las cosas realmente importantes, no debiera nunca importar lo que parecemos si no lo que realmente somos.



jueves, 21 de diciembre de 2017

En la noche, oscuridad y silencio

Es en la noche, como ahora, cuando todo es silencio y oscuridad, cuando la luz no es otra cosa que un puñado de luces, débiles y sitiadas por un mar de negrura que las amenaza y acosa, es entonces, cuando alzar la voz suena a blasfemia, que siento lo que ahora mismo siento. Siento entonces que en lo más profundo de mi alma brilla una luz que ilumina sus bordes y es bajo esa luz que siento algo que muy rara vez siento. Siento que todo esta bien y que el mismísimo Universo sonríe y esa sonrisa me cala hasta los huesos. Y, siento entonces, como siento ahora, que todo mal, todo sufrimiento, toda angustia y todo dolor están justificados en su existencia, pues el Universo no es otra cosa que la lucha eterna entre la justicia y la angustia, y ni los dioses pueden hacer que sea de otro modo. Pero que la lucha sea inevitable y mil derrotas se vivan cada día y mil más y otras mil y aun más, no significa que de igual de quien es la victoria y de quien la derrota. 



En este mismo momento que esto escribo o alguien me lee hay incontables animales que están siendo devorados vivos en las fauces de otros animales que lo necesitan para sobrevivir. Y, se que en este mismo momento hay madres que están enterrando a sus hijos y tantas o más madres que no tienen pan suficiente para llenar la boca de esos hijos. Sé que en este mismo momento hay multitud de seres humanos escondidos, perseguidos, rezando para no ser encontrados, pasando frio, miseria y miedo por capricho paranoico de otros humanos. Sé por supuesto eso y más de mil cosas más, muchas de ellas peores aun que esas. Claro que lo sé. El espíritu de la Angustia es poderoso, inmensas son su fuerzas, terrible su poder y no hay mortal que no conozca su dentellada, yo le conozco bien, somos viejos enemigos él y yo. Que su existencia y labor sea imprescindible para que el Universo, la vida y nosotros mismos existamos no significa, para nada, que nos llevemos bien él y yo.

Cuando en la noche toda frontera tiembla, se difumina, se disuelve, por efecto de ese silencio, de tanta oscuridad, es entonces sí, cuando me parece toda angustia justificada pero para nada me parece por ello menos combatible. Pues si necesaria es la Angustia también necesaria es la justicia y la lucha entre ellas trae en ocasiones amargos frutos, es verdad, pero en otras son dulces sus frutos y es en noches como esta que también siento la llamada más que nunca a tratar de morder la yugular de mi vieja enemiga, a segar de raíz su fuerza, a demoler hasta a su misma sombra. Anhelo castrar su poder, someter su devenir a un yugo que obligue a toda su fuerza a sembrar trigo en vez de cizaña.

Es en noches como esta que siento a Mitra más cerca. Cuando menos me importa ser derrotada, pero es también cuando más me importa tratar de vencer una o dos escaramuzas, alguna que otra batalla, salir airosa de alguna campaña. No busco la victoria absoluta, se que ni los dioses la pueden esperar, busco las pequeñas cosas, esas victorias pequeñitas que puedan estar a mi alcance, lograr que el reino de la angustia sea un poco más pequeño de lo que sera si no ayudo a quitarle un trocito a su imperio.

Si soy derrotada el Universo continuara sonriendo, el no puede tomar partido, es fruto del combate y no parte de él, y yo, entonces, vencida, me refugiare en su sonrisa para que la derrota me duela menos. Si salgo victoriosa entonces seré yo la que lo invite a él a participar de mi sonrisa.

El 24 de Diciembre se encuentra ya a las puertas y vendrá la noche en cuyo momento más oscuro va nacer el alba del 25 de Diciembre. Entonces, como cada año, celebraremos el nacimiento mítico del dios Mitra. Esta vez, como suele ocurrir cada año, llegare a esa celebración un poco menos tonta y menos ignorante que como llegue el año anterior, esa es ya una victoria. Pero tengo hambre de más.
De mucho más, sobre todo en noches como las de hoy, en las que el Universo sonríe y todo parece estar bien, pero parece también que aun puede estar mejor a poco que le ayudemos.

La razón de una larga ausencia

Ocurrió que comenzando el año, en casa, lo que mi madre llamaba “vivir con el corazón en un puño” empeoro y mucho. Se volvieron necesarias, entonces las visitas por urgencias al hospital y un par de ingresos en él de unos 40 días en total, Días que resultaron un alivio importante si los comparamos con los otros días, fuera de eso yo no esperaba gran cosa de ellos. Pero visto lo visto he de reconocer que la medicina actual obra prodigios y hacia abril ya todos, yo incluida, teníamos claro que esta crisis se había superado y que probablemente hasta dentro de dos o tres años no se presentara la próxima.

Como es natural durante esos meses Internet continuo existiendo, pero yo estaba dedicando todo mi tiempo libre a reconstruir mis emociones, muy maltratadas con ese inicio de año. Simplemente aun no faltando tiempo de sobra para otras cosas, no tenia ni un minuto para Internet. Él se encontraba presente, pero yo ausente.

Finalmente cuando me di repuesto y quise acceder al blog descubrí que hacía tanto tiempo que no entraba en la cuenta de Google que hasta había olvidado la contraseña. Hice varios intentos, luego más y continué haciendo más y más, pero nada. Solo había una contraseña que tome la precaución de conservar por escrito (es imposible de recordar de otro modo) pero las demás las había perdido en el reino del olvido y no volvían.

Evidentemente insistí y evidentemente termine dando con ella. Ahora pienso que podré incluso recuperar la del Facebook que hice pensando en quizá poder hacer uso de él para la difusión del blog, blog que por fin puede volver a la vida.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Sobre la amistad

Recientes sucesos me llevan a querer hoy hablar de la amistad, lo que entiendo por tal y como funciona esta en mi vida. Ya veré otro día si cuento o no dichos sucesos.

Para que considere yo que soy amiga de una persona se necesita una cosa, para que considere que esa persona es amiga mía se necesita además otra.

Soy amiga de cualquier persona que se lo merezca y en la medida que se lo merezca y considero amiga a cualquier persona en la medida que se lo gane y solo en la medida que se lo gane.

Una persona despierta amistad en mí cuando da muestra de una serie de características, ese despertar jamás me pide permiso pero tiene mi permiso por supuesto. Me despierta amistad la gente valiente pero no la imprudente, la sincera sobretodo consigo misma, la muy o poco inteligente pero amiga de usar su inteligencia, la gente humilde que no cree saberlo todo o no ya lo suficiente, la que mira de frente la vida, la que no teme la intemperie ni la puede molestar un poco de brisa; cuando no se emborracha con palabras huecas, cuando tiene algo que decir y lo diga o no; cuando rehuye incluso sus propios prejuicios; cuando sabe y siente que también los demás somos reales y no mero decorado en su vida. Cuando no es infeliz por tonterías vanas, cuando no teme su sombra, cuando no teme la de los demás, cuando su mente es libre y su corazón fuerte. Cuando cada mañana se despierta dispuesta a aprender algo nuevo, cuando le mueve la curiosidad, el hambre de ver y comprender.

Eso y cosas como esas es lo que en mi despierta amistad.

Como se puede ver en ningún momento digo, ni podré decir jamás, que para despertarme amistad es necesario que a mi vez la despierte yo en él o ella. Muchos de mis amigos soy amiga de ellos pese a que no saben ni que existo.

Para creer que alguien siente amistad hacia mi persona, en cambio, funciona de un modo diferente. Me gustan los abrazos que me pueda dar un amigo, pero no los considero amigos por ello. Un abrazo no cuesta nada, no prueba nada. Hasta tu peor enemigo te puede abrazar para apuñalarte por la espalda. Solo empiezo a sospechar amistad por parte de alguien cuando le veo hacer, para tratar de favorecerme, algo que le cuesta hacer y cuanto más le cueste más lo sospecho. Por lo tanto abracitos, besitos y sonrisas nada me dicen al respecto. Solo en pleno invierno, en noche oscura, se reconoce al amigo. En pleno verano, bajo la luz del mediodía hasta el que planea merendar tu hígado te sonríe.

Hasta ahora no he hablado para nada de la amistad entendida como relación, hablo de algo más básico, de puro sentimiento. Para que se establezca una relación de amistad entre yo y alguien es necesario que se den a la vez ambas cosas y algo más, un grado suficiente de trato en la vida como para habernos probado mutuamente que en efecto somos tal y consecuentemente, aunque a la vez como causa o no solo como consecuencia, nazca entre nosotros una confianza mutua. Un “yo sé y tú sabes y los dos lo sabemos que cada uno puede contar con el otro”. No contar para el intercambio de sonrisas ya que es sabido que hasta el lobo sonrió a Caperucita Roja cuando se dispuso a comérsela. Contar el uno con el otro para las noches oscuras de frio invierno.

Por todo ello no cualquiera puede ser amigo mio, no de cualquiera quiero yo ser amiga.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Ser un zombi es fácil

Pensamientos góticos:


Son como zombis, diría alguna gente, seguro, pero su corazón late, sus pulmones respiran, su piel es cálida y otras mil cosas más los diferencia de los zombis, pero son muchas también las semejanzas que hay entre ellos. Una de esas semejanzas es que tanto los unos como los otros carecen de afán por aprender algo nuevo, sienten que ya saben lo suficiente, todo lo que necesitan saber para cumplir con su destino en la vida.

Desde que nacieron, estos falsos zombis, han sido aleccionados por su entorno social, se les ha dicho, hasta lograr que se lo crean a pies juntillas, lo que deben sentir, pensar, buscar, hacer; de que modo deben verse a si mismos, de que manera ver a los demás, de que forma ver la vida. Y, ahora van por ella, la vida, como aquel que va por una autopista, bien seguros de que el ingeniero que la construyo es de fiar y bien sabía lo que hacía. Sienten que desviarse de ese camino ya hecho es caer en la oscuridad salvaje de un bosque cuyos arboles no dejan fluir la luz. Y, les aterra perder esa senda, nada es para ellos tan importante como la promesa doble que se les ha hecho en nombre de esa autopista; se les ha prometida que ella y solo ella les puede garantizar un mínimo de aciertos en la vida.

Le tienen tanto miedo a ese bosque oscuro y salvaje, de apariencia caótica, ese que imaginan rodeando su autopista que aunque quisieran, que no quieren, investigar, explorar lo que es la vida fuera de esa autopista, no osarían hacer tal cosa. Ellos creen en limites que fueron inventados por otros no muy diferentes a ellos, ven fronteras en la vida que en realidad solo existen en nuestros mapas y para nada en ella, llaman luz a estar dormidos soñando estar despiertos y que ven la luz del Sol. Pero sus ojos están cerrados.

La realidad es que la Realidad, de la vida, está fuera. Y, dentro también. Pero no en nuestras fantasías, no en nuestro imaginación, no en “verdades” consensuadas. La realidad es que nuestro entorno cultural, como cualquier otro, es mucho lo que sabe pero también mucho lo que ignora y la mitad de lo que nos pide que nos creamos es simple y llanamente una mentira, un disparate y hasta en ocasiones una aberración. Vivimos atrapados en el sesgo cognitivo, en el prejuicio campante.

Somos una sociedad de zombis, aunque nos lata el corazón. Vamos por la vida, envejeciendo y muriendo, sin llegar jamás a estar vivos del todo. Es esa la forma con la que damos forma a nuestra sociedad, a nuestra cultura, y a la mirada de nuestros niños. De vez en cuando, menos mal, surge alguien que es una excepción y aporta algo valido, pero de cada cien o mil veces solo una se le hace caso y la mitad de las veces en que le hacemos caso es para usar eso valido pero de un modo, manera, forma que son invalidas.

Vivo en un bosque tenebroso, oscuro, frío y caótico. Donde la luz no da entrado. Vivo en él desde que nací. Pero ese bosque no se encuentra fuera de esa autopista ya mencionada, al contrario, ese bosque que no deja pasar la luz es esa autopista.

El sentido de la vida se encuentra fuera del asfalto. Pero somos como el borracho de aquel viejo chiste, que habiendo perdido las llaves de su casa en un callejón oscuro corrió a buscarlas bajo una farola que había al doblar la esquina y por la sencilla razón de que allí, como luego dijo, había más luz. Pero más ilumina la oscuridad de la noche que la mejor farola cuando las llaves no están bajo la farola.

Estamos borrachos de falsas verdades.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Tengo derecho a estar triste

¿Tan difícil es de entender?, la tristeza forma parte de la vida. A veces luce el sol, otras llueve y ambas cosas forman parte de la vida. La vida no es un valle de lagrimas, pero tampoco es una senda de risas, me gusta el viejo dicho cristiano que reza “de todo hay en la viña del Señor”; el viejo ruego pagano, si es que es pagano, ese pedir a los dioses, “que mi medida este bien colmada; el anhelo de aquel poeta que deseaba poder reír con todas sus risas pero también poder llorar con todas sus lagrimas.

Yo no soy budista, no sirvo para ser budista; no soy cristiana, no sirvo para ser cristiana. Soy pagana o eso me parece ser. No sirvo para huir de la vida buscando refugio de ella fuera de ella.

Para mí la vida es un campo de batalla, en el que me encuentro y lucho por aquello que amo y en el que a mi lado se encuentran fuerzas que me son aliadas y la vida me pone, y fuerzas que se me oponen y también es la vida la que me las pone a mi lado. Y, a veces gano, y a veces pierdo. Y, celebro mis victorias y lloro mis derrotas.

Por estas fechas, acercándose ya el 25 de diciembre a pasos agigantados, siempre me pongo triste. Es la época del año en que hago examen de mis derrotas de ese año y más me pesan las de otros años, centro mis días en ver donde y en que he de rendirme, donde y en que he de seguir luchando y donde y en que he de iniciar nuevas luchas. Y, me duele cada una de esas rendiciones, sí, pero aquel que no se sabe rendir a tiempo, cuando lo que toca es rendirse, no conserva sus fuerzas, las agota en un batallar inútil que ya tiene más que ver con la ceguera que con el deseo de vencer y una vez perdidas esas fuerzas ya no las tiene para continuar otras luchas o iniciar otras nuevas en las que quizá si sus fuerzas son suficientes, si su destreza está a la altura, si su perspectiva es correcta o no demasiado errada y a poco que la vida le ayude más que le obstaculice, bueno, en fin, que quizá en ellas si pueda vencer, pero necesite para ello esas fuerzas que no se deben usar a la ligera, malgastar en actos y actitudes que puedan parecer, quizá, heroicas pero yo no busco ser heroína en nada ni de nada, lo que busco es el mayor numero posible de victorias en aquello que amo y sufrir en menor numero posible de derrotas; lo de pasar o no por héroes se lo dejo a otros. Pero no solo me entristecen mis derrotas.

Yo no lucho por capricho. Lucho por lo que amo. Lucho cuando lo que amo es aplastado por la vida o lo que hay en la vida. Y ver aplastado lo que amo me hace llorar, por eso cuando lucho lloro. Y en estas fechas, como todos los años por ellas, yo veo mucho, pero muchísimo, de lo que amo aplastado por botas sucias y estúpidas y entonces claro que me pongo triste y claro que incluso lloro.

No todos mis amores son iguales, los hay de un tipo, de otros, más grandes o no tan grandes y los hay hasta más bien pequeños; tampoco todos esos aplastamientos que sufren son iguales, los hay que son aun peores y mayores que otros. No todos los pisotones me duelen igual.

Me duele Alepo y todas las mentiras que los unos, los otros y los demás allá nos cuentan para que sigan siendo lo que hoy es. Me duele un niño llamado Aylan, muerto ahogado, y todos esos europeos que ante esa muerte se lavan las manos como dicen que hizo un tal Pilatos en su día, incapaces de dar asilo a aquellos que huyen de esas salvajadas, sean en esa ciudad o en cualquier otra parte del mundo; me duele la anciana muerta en el incendio de su casa por no poder pagar la luz y verse obligada a usar la vela encendida que prendió el fuego, en un país en el que nadie tenia la necesidad de dejarla sin luz. Me duele una hermana, una amiga, cuyo nombre quizá jamás llegare a saber, ni su rostro conocer, asesinada por su propia gente cuando la consideraron merecedora de ello por casarse con un hombre de otra religión, ya hace unos años que la mataron, es verdad, pero es que aun de vez en cuando me cruzo con gente que prefiere sonreír a sus asesinos, darles la mano y llevarse bien con ellos que decirles lo que les diría cualquier persona decente. Me duele que nos guste a los humanos tanto, pero tanto, vivir en la propia estupidez, ya que todas esas muertes nacen de esa estupidez, no de otra cosa. De la vana estupidez humana. La estupidez las causa, la estupidez las permite y si pensáis que es otra cosa, el ego por ejemplo, es que aun no os habéis parado a mirar,
que tras eso que llaman algunos ego se esconde la estupidez enmascarada tras él y moviendo los hilos cual si no fuera otra cosa el ego ese que una marioneta.

No, el problema no es el ego, hay egos sanos que para nada necesitan hacer daño estúpido.

El problema es la estupidez, eso y que la vida incluso aunque no deja de ser un jardín de rosas sus rosas tienen espinas y a veces nos pinchamos, cosa de la que doy fe pues para colmo ando yo estos días muy pinchada.

Por eso estoy triste. Pero a ver ahora como les digo yo, a la gente que me aprecia y me lo notan, que no pasa nada, que es solo una fase que necesito atravesar como se debe atravesar el invierno para alcanzar la primavera y llegar al verano. Que necesito que me dejen estar triste en paz, en lugar de acosarme con sus argumentos falaces sobre como dejar de estar triste (¡qué ni que fuera una enfermedad!) y paren ya de intentar someterme a chantajes emocionales para tratar, sin que les vaya a funcionar, de obligarme a ponerme alegre o cuando menos pues menos triste.

viernes, 25 de noviembre de 2016

ser rara

Una conversación de un lado a otro de la barra, una camarera y un cliente, una tarde cualquiera, casualmente la de ayer. En un momento a media conversación le digo que soy rara y ocurre lo que con frecuencia ocurre cada vez que lo digo a alguien que me tiene aprecio. Se me queda un segundo mirando, como queriendo asegurarse que la barbaridad que dije es en efecto la barbaridad que dije. Y, tras el segundo llega la negativa, no, de eso nada, yo no soy rara me dice y me lo dice con la misma voz con la que defendería la inocencia de una hija.

Normalmente le daría por imposible y no le haría ningún caso, cambiaría de tema y simplemente añadiría este a los varios que no se puede hablar con él, que son pocos. Pero resulta que a esta persona la tengo en muy especial aprecio. Quiero que me comprenda y por lo tanto insisto, sí soy rara, pero él que es inteligente y sigue dispuesto a hacerme creer que no sabe, por mi insistencia, que para convencerme va tener que recurrir a argumentos, lo encuentra en seguida, “todo el mundo es raro”, me dice.

Me duele que recurra a eso, aparte la vista dolida y le dije que por favor no me ofendiera. Pero no sé si me entendió. Me duele que la gente que aprecio, en especial, use conmigo argumentos que ellos mismos saben falsos y me ofende que esa gente, otra me da igual, consideren que, por aprecio a mi persona, hay que negar que soy lo que realmente soy aunque para ello haya que recurrir a una mentira.

Es cierto que todo el mundo tiene sus rarezas, que cada cual posee sus manías, que cada persona es un mundo, pero eso no es ser raro. Y, él lo sabe.

Le trate de explicar que ser raro no es cosa mala de ninguna clase, pero no escuchaba, en lugar de ello trataba de dar con nuevos argumentos con los que sacarme de la cabeza que soy lo que no quiere que sea aunque le encante que lo sea.

Entonces recordé un experimento de psicología social del que una vez me hablo otra “rara ave” que habita en estos lares, un experimento que a él y a mí nos asusta pues demuestra que los seres humanos tenemos instinto de rebaño.


Experimento conformidad e influencia social en... por anabaez_
http://dai.ly/xnwmhl

Es de ese instinto de rebaño de donde nace la capacidad humana, aunque no solo de ello, para dejarse manipular hasta el punto de que los pueblos van a la guerra aun cuando sus propios soldados y aun más sus madres no quieran la guerra.

Es esa voluntad de ser rebaño lo que hace posible los totalitarismos, primero el totalitarismo religioso, ese que te dice que todos tenemos que creer lo mismo a lo que mal llaman universalismo (yo llamo universalismo a lo contrario, a aceptar que no todos opinamos lo mismo) y luego añade que aquel que no opine lo mismo que ellos es un mal sujeto al que debes eliminar; luego, cuando historicamente la sociedad quedo tan absolutamente hastiada de ese seudouniversalismo intolerante, nació un sano escepticismo y amor por la libertad de pensamiento que nos costo muchas vidas defender, pero por desgracia no lo hemos defendido lo bastante como lo prueba que el ateísmo nacido de ese totalitarismo ha plagiado sus modos en ideologías totalitarias previas. Es ese instinto de rebaño lo que eleva a los altares la “posesión” que dicen tener algunos de la verdad y que termina pariendo, aunque no sin ayuda de otros factores, fenómenos sociales como la Alemania de Hitler o la Rusia de Stalin. Ese mal llamado universalismo cuando va de la mano del nacionalismo o del racismo puede hacer referencia a solo una parte de la humanidad, pero sigue teniendo pretensión de verdad indiscutible y voluntad de arrasar con todo el que opine de otro modo o simplemente se queden fuera de su “universo” particular. Ese tipo de universalismo le tiene fobia a la diversidad del universo y por ello pretende dominar lo universal amputandolo, es decir acabando con la parte del universo que no les gusta. Eso, insisto, no es verdadero universalismo.

Por lo tanto que la mayor parte de la gente que me aprecia reaccionen “defendiendome” cuando les digo que soy rara me asusta y más en los tiempos que corren.

Por supuesto ser raro no es garantía de nada. Que el oro sea raro no significa que todo lo raro sea oro, pero de una cosa podemos estar seguros y es que solo lo raro puede ser oro.

La especie humana necesita ser diversa, pues es esa diversidad la que nos permite explorar territorios, realidades, aspectos, vías, perspectivas novedosas. Es la gente “rara” la que nos ha regalado la filosofía de la antigua Grecia, raros eran los primeros liberales que arriesgaron la vida luchando contra el despotismo de su época, raros los cuáqueros que osaron enfrentarse al sistema esclavista entonces imperante, raras las sufragistas gracias a cuya lucha hoy las mujeres, en los países al menos medianamente civilizados, tienen reconocido el derecho a voto y así todo un largo etc.

Por lo tanto, yo que soy rara estoy orgullosisima de ello. No nací para ser oveja. ¿Queda claro?. ¡Pues eso, que soy rara y a mucha honra!

Por suerte para mí he nacido en un lugar y una época en la que me puedo mostrar tal como soy, nadie me va guillotinar como si guillotinaron a Shofie Scholl, esa estudiante alemana que lucho contra Hitler repartiendo a escondidas panfletos contra él, ni me van a crear problemas, como sí pasaría actualmente en amplias zonas del mundo, si me cruzo con un vecino y por ser “rara” allí tengo el “desliz” de permitir que me vea un mechón de mi cabello, ni me van a lapidar si decido casarme con un musulmán como si lo hicieron, su propia gente, con una yazidi

No, yo no recomiendo a nadie en tal tipo de circunstancias que deje ver que es rara o raro.

Y, reconozco que incluso en España existe cierto riesgo si te ven como “demasiado rara”, que conste, pero aunque queda mucho por hacer y lograr, esto en comparación con otros sitios y otros tiempos es casi un paraíso. Dejadme pues que lo aproveche.

Dejadme ser lo que soy, que eso es lo que me gusta ser y solo tengo esta vida para ser. Y, vosotros, por favor, si podéis no me seáis rebaño, que nacisteis humanos, no ovejas. Comprendo que eso asusta pues al salir del rebaño nos quedamos a la intemperie, sin su techo, ni su suelo, ni esas paredes suyas que lo limitan y nos protegen del exterior, pero es que hay riesgos que compensan. Y, sí ya sois raros, entonces felicidades, y de vosotros lo celebraba.

En fin, que no sé si mi amigo al final me comprendió o no, pero que al menos mientras vio el vídeo no paro de reír y eso, al menos, ya es algo :-D


viernes, 4 de noviembre de 2016

Me andaba yo enamorando

Este verano he conocido una persona y me andaba yo enamorando de ella. Poco a poco, sin prisas, pero sin detenerme. Y, yo estaba permitiendo que eso ocurriera, es más lo veía bien, incluso me felicitaba por ello.

Pero esto es algo raro, muy raro, en mi vida. Es raro por una razón, solo una vez me enamore y pague por ello tan atroz y salvaje precio que soy ahora cual gato escaldado que hasta del agua fría huye o al menos eso es, lo admito, lo que fui durante muchos años. Pero lo recientemente acontecido prueba que el pánico en el que yo vivía ante la posibilidad de enamorarme ha desaparecido.



Hoy quiero hablar sobre ello y sobre la decisión que he tomado. Y lo que voy decir seguro que a más de uno y de una le va sonar raro.

No identifico para nada el enamoramiento con el amor o una forma de amor.

El enamoramiento es una borrachera de hormonas causada por, y que a su vez causa, un autoengaño, una ilusión, un espejismo, una mentira.

El enamoramiento es eso que hacemos, y nos ocurre, cuando ante alguien que nos gusta en especial corremos a pintar lo que vemos de esa persona de los colores que más nos gustan. Dice mucho de como es cada cual, pero nada de como es la persona de la que nos estamos enamorando, a esa persona nos la oculta, vela, pues al teñir lo que de ella vemos, esos colores que le proyectamos, tapan los reales.

El enamoramiento es de quita y pon o más bien de pon y quita, viene pero luego se va, puede tardar en irse pero siempre termina marchando. Cuando se va es cuando realmente podemos conocer a la otra persona y a la vez a medida que la vamos realmente conociendo el enamoramiento se va diluyendo ya que ver los colores reales de algo nos impide fantasearlos.

Por supuesto el enamoramiento puede ser una puerta para el amor, a veces lo es, y otras para nada. De hecho el enamoramiento es hasta cierto punto compatible con el amor. Pero el amor que puede estar presente durante un enamoramiento es ese mismo que queda cuando el enamoramiento se va, si no queda amor es que no lo hubo. El amor no es de quita y pon, cuando llega es para quedarse. Puede ir a más y de hecho tiende a ir a más, el amor, pero no sabe, ni puede, ir a menos.

A veces amamos y al conocer mejor a la persona descubrimos que no la amamos, eso es verdad, puede deberse a que estamos confundiendo dos verbos “querer” y “amar” que son muy distintos pero solemos usar como si fueran sinónimos, otras veces se debe a que la persona a la que amábamos no existe, si no que la real es otra, y el amor es fiel, siempre, respecto a lo amado. Si alguien se hace pasar por otro, o simplemente yo le tomo por otro, que yo llegue amar a esa ficción no significa que ame al ser que me la inspira, si luego descubro la verdad mi amor va seguir depositado en la persona ficticia y renegara de la real. De hecho amo, y sospecho que lo mismo le ocurre a los demás, a seres que jamás han existido, me los he encontrado en novelas, películas y por supuesto en confusiones en mi vida cotidiana en las que tome a alguna gente por lo que dicha gente no es realmente.

Ese mar de hormonas que nos inyecta en sangre el enamoramiento a parte de dificultar nuestra visión, comprensión, de la persona real tiene otro efecto. Nos da alas. Nos hace sentir el cielo. Justifica la vida y el ser, en el sentido de que nos hace sentir en armonía con nosotros mismos y con el mundo. Tiñe todo de color hermoso, nos vuelve hasta más puro el aire. Todo lo cual resulta profundamente placentero, como es natural y supongo que puede incluso provocar adicción.

No me falta en mi entorno gente para los cuales la vida cuando no están enamorados es gris, carece de sentido y no se le encuentra valor alguno. Para ser felices necesitan estar enamorados, se les corresponda o no. Pero ese no es mi caso.

El sentido a mi vida se lo doy yo. Nunca he necesitado que nadie se lo de. No siento, por ello, necesidad ninguna de enamorarme. Y, pese a ello me estaba enamorando y disfrutando ese enamoramiento. A sabiendas de que era un autoengaño me parecía oportuno, feliz y satisfactorio. Y, me dejaba hacer y llevar por todo ello.

Lave con ello viejas heridas, emponzoñadas y sin cicatrizar. Ahora si podrán cicatrizar sin que le quede dentro tal ponzoña. Pero hoy he decidido parar el proceso de enamoramiento. O cuando menos lo voy intentar.

No me interesa un enamoramiento no correspondido y menos un trío sentimental en el que llevar la peor parte. Eso me lastimaría y a cambio no me proporcionaría nada. Me he pasado el tiempo siendo a la vez espectadora y protagonista de una película, he disfrutado el espectáculo, pero es hora de abandonar el cine.

En fin, tras darme una ducha en agua fría, (más metafórica que otra cosa), voy dedicarme a conocerle mejor y amarle más.

Es hora de mirar su rostro sin mentiras que me lo velen.