jueves, 5 de julio de 2018

Vivir es decidir

La vida es muchas cosas, tiene mil y más caras. Pero una de las cosas que la vida es y de entre ellas de las más vitales es decidir en ella y desde ella. Optar.

La vida desde hace un tiempo me ha puesto en una situación que me obliga a dar a mi propia vida un enfoque nuevo y recorrer caminos nuevos. Eso no es malo, por supuesto, simplemente eso es la vida. Pero que no sea malo no quiere decir que en este caso no encuentre yo el problema.

Sé que opciones tengo abiertas, que objetivos son o parecen ser alcanzables, ese no es pues el problema. Sé de todos ellos cuales me gustan y cuales no, por lo que ese tampoco es el problema. Sé incluso de entre los que me gustan cuales deseo y cuales no, por lo que tampoco ese es el problema. Conozco las incompatibilidades que existen entre algunas de esas cosas, en principio alcanzables, que me gustan y además deseo, de modo que tampoco ese es el problema. Soy consciente, o eso pienso, de la carga de esfuerzo que cada uno de esos objetivos requiere para ser alcanzable, entonces tampoco ese es el problema.



Mi problema es que de entre todos esos objetivos que deseo alcanzar pero son incompatibles entre ellos... no tengo nada claro, pero nada de nada, a cuales quiero ir y a cuales sacrificar para alcanzar a los que más quiero ir. Es decir: sé lo que puedo, lo que me gusta de entre lo que puedo, lo que deseo de entre lo que me gusta, pero no, para nada parte de lo que quiero de entre todo eso que deseo y tengo, o eso parece, al alcance de la mano.

Y lo malo del asunto es que la vida no se queda quieta parada a esperar que yo me aclare. Ella sigue su camino mientras yo me encuentro inmovilizada, atrapada, por la duda.

Dudar es de sabios, pero la sabiduría no es el fin, el fin es la vida y la sabiduría solo un medio para optimizar nuestras decisiones. De bien poco me sirve ahora mi sabiduría, si es que la tengo, pues elegir sabiamente requiere conocernos y conocer la vida, pero ella no puede decirnos que es lo que queremos, que es lo que anhelamos, cuales son nuestras preferencias; todo eso solo nos lo puede decir nuestro propio corazón y yo tengo el corazón confuso.

Debería salir, ir fuera de mi marco de vida conocida, romper con los recuerdos de un pasado que encuentro en cada esquina de donde vivo. Pasar una semana en algún lugar fuera de lo habitual, que me sea extraño, que encuentre nuevo y no viejo. Pasar allí una semana o mejor tres, una para desintoxicarme, otra para encontrarme y una tercera para asumir y madurar lo encontrado. Pero eso es algo que ahora mismo no me puedo permitir.

Laboralmente la cosa no admite dudas, eso al menos ya es algo. Son mis sentimientos, mis emociones las que andan confusas y peleadas, en plena guerra civil, mordiendo las unas a las otras en un pleno “quitate tú que me pongo yo”, estoy emocionalmente dividida, sentimentalmente confusa.

Hay prisa, ya que la vida me la impone, pero supongo que dadas mis circunstancias dejare pasar el verano, mi último verano de la vieja vida, viendo si logro aclararme un poco o logro dar con alguna gota más de información que me sea útil para mi toma de decisiones. Al fin y al cabo unos meses, si son pocos, me los puedo permitir, y sacarles provecho despidiéndome de ese pasado que ya siempre formara parte de mi vida y hasta aquí me trajo, pero que ya no es el hoy, ni va poder ser mi mañana.


Y, terminado el verano, me tomare unos días, pero solo días, para ver que puedo encontrar en algún lugar lejano a mi pasado, si es que encuentro algo de lo que, seguro, sabe mi corazón pero no se lo sé ver como quisiera saber.

Luego decidiré que es lo que quiero vivir y que es lo que no. Que es aquello por lo que voy luchar y que aquello otro que voy abandonar, por ser incompatible con ello o no querer invertir esfuerzos en lo que quiero poco si los necesito en aquello que más quiero.

viernes, 15 de junio de 2018

Rezo a los dioses

A todos los dioses que me sean propicios, tanto aquellos que conozco como aquellos que no:

A las puertas de iniciar, en esta vida, una nueva singladura, que probablemente sera mi último viaje,
os pido que las aguas me sonrían y vientos favorables me acompañen y pueda de ese modo llegar a través de esas aguas y con esos vientos a ese puerto que tan lejano hoy temo.

… Y, sea cual sea mi destino, si llegara a ser amargo ruego a ti Pachamama que ni en la amargura me falte alegría; y a ti Mitra, te ruego, que no me tiemble la mano ni me falte timón. Y a ti Madre de Horus, esposa de Osiris, pido como siempre te he pedido que allá donde se encuentre cuides de ella.

viernes, 1 de junio de 2018

Dos palabras mágicas: “yo opino...”

Tras llevar unas semanas en un foro de paganismo actual, y viendo el mal ambiente que a veces se genera, hay algunas palabras que me gustaría decir:

...Sócrates, Platón y Aristóteles, son probablemente los tres filósofos más conocidos de la Grecia pagana, pero ninguno de ellos encaja bien en la definición “habitual” de pagano si por paganismo entendemos las creencias religiosas de los habitantes del campo, que es lo que significa literalmente. De hecho Sócrates fue acusado de enseñar a la juventud lo que los cristianos llaman “herejías” y un jurado popular formado por 500 de sus conciudadanos lo encontró culpable y condeno a muerte. El paganismo es un fenómeno religioso mucho más complejo de lo que se suele admitir. En realidad, aunque el caso de Sócrates, por su dureza es una excepción, la historia del paganismo grecolatino esta repleta de desencuentros y roces entre las distintas formas de entender y vivir, ya entonces, el paganismo.

Hay un paganismo que solo ve arboles y deduce que el bosque no existe, otro que también solo ve esos arboles pero deduce de ello que el bosque existe. Se me ha dicho que si no queremos que el paganismo se confunda con el monoteísmo abrahamico debemos negar la validez del segundo tipo de paganismo. Lo que me dejaría fuera del paganismo, pues si creo en la existencia del bosque.

Pienso que lo correcto es otra cosa, admitir como validos ambos tipos de paganismo y para evitar la confusión con el monoteísmo abrahamico simplemente señalar las diferencias que ambos paganismos tienen con ese monoteísmo absoluto. Si nos da miedo que un paganismo, que formula preguntas difíciles y da respuestas complejas sobre la Naturaleza y la divinidad, nos resulte confuso entonces simplemente expliquemos bien ese paganismo, pero no por miedo a ello lo debemos negar.

Pero si lo negamos, incluso si lo desprestigiamos, no tiene nada de raro que esos otros paganos no quieran entrar en un choque de creencias, pues debatir es una cosa y chocar otra. Por lo tanto si nuestra voluntad es debatir sobre ello nos debemos expresar de un modo que invite a ello y por lo que he visto hasta ahora nuestras palabras, el modo en que las elegimos y nos expresamos más parecen una amenaza de “choque” que una “invitación” a debatir. Por supuesto hay otras causas, supongo, pero pienso que esa es una de las que están presentes en el paganismo actual a la hora de generar mal ambiente, malos rollos y desencuentros innecesarios. Hablar como si nuestra opinión no fuera una opinión si no la verdad invita a chocar, no a debatir. Incluso si lo que opinamos y la verdad fueran exactamente la misma cosa.

Es desde las opiniones como nacen y se generan los debates, desde la “verdad” solo se generan choques o rebaños.

Hay dos palabras verdaderamente “mágicas” a la hora de iniciar y hacer continuar un debate y son: “yo opino..”

Sin su magia no hay debate.

viernes, 18 de mayo de 2018

La muerte de un perro

Me encuentro en una cafetería, un hombre entra y ambos nos llevamos la sorpresa de encontrarnos de ese modo. El entra solo a por tabaco, que donde está viendo el partido de fútbol no lo venden. Yo me he conectado a la Wi-Fi para ver que novedades hay en un grupo de Facebook, no lo quiero abandonar aun, a él pronto le va comenzar el segundo tiempo del partido. Pero quedamos para después. Termino, ya no hay más novedades, salgo y acabo compartiendo la mesa de él, quedan aun unos minutos de partido. Hablamos, termina el partido, salimos. Caminamos.

 Es entonces cuando me lo cuenta, ayer, me dice, saliendo de casa, se cruza con un vecino que pasea un perro, de los de raza pequeña, alegre y juguetón, que rápido da vueltas entorno a su dueño a la vez que ambos avanzan. En eso el perro entra más de la cuenta en la carretera, quizá para evitar de ese forma chocar con los dos ancianos que se les cruzan de frente en la misma acera. Y ocurre entonces que a un conductor se le hace imposible frenar a tiempo su coche.

El coche golpea la cabeza del perro, no se produce sangre pero el perro muere en el acto. Mi amigo ve entonces como su dueño lo toma en brazos, se acerca con él a un portal, se sienta sobre el escalón, casi rozando el suelo, que da acceso al portal, con el cadáver en las rodillas, mudo el hombre, contempla el pequeño cuerpo al que acaricia una y otra vez pese a ser consciente de que es un cadáver lo que acaricia. Un cadáver, pero mucho más que eso también.

Comprendo que ha estado esperando para contarme eso. Antes, entre la gente que veía el partido no parecía adecuado, demasiada gente para algo como eso. En la soledad de nuestro paseo en común ya es diferente. Y, comprendo que quiere, espera, que diga yo algo, y busco algo que decir, estos días ando en carne viva con la muerte de una amiga de la que jamás le hable a él. Y, se me aviva la llama del recuerdo, y de otros recuerdos más.

Me vuelve a la memoria la noche aquella en que esperando el último autobús para el pueblo, a las afueras de Santiago de Compostela, al otro lado de la carretera veo llegar un perro, de esos que aquí llamamos “palleiro”, cruce de mil razas, hijo de mil azares, llega corriendo, feliz de y por yo no sé pero feliz, cruza la carretera, sortea el primer coche del lado suyo, pero el primero del mio le pasa por encima, el coche no para, sigue, yo lo veo perderse en la distancia y que otros vienen ya, entonces entro en la carretera y tomo en brazos al perro que aun vive, un coche frena mientras su conductora nos mira, luego sigue su camino cuando salgo de la carretera y tiendo el perro sobre la acera, otro coche sigue al de ella, solo un tercer coche aparca a nuestro lado y de él se baja un hombre, se nos acerca, me pregunta, le cuento que al menos una de las ruedas le paso por encima del vientre y parte del pecho. Entonces también el comprende que no hay nada que hacer, no tarde ni dos minutos el perro en morir. Una vez muerto el hombre me da la mano, nos despedimos, sube al coche, se va. Nos quedamos solos el cadáver y yo, y cuando finalmente llega el autobús ya solo queda el cadáver y la acera. Me pregunto cuanto tiempo tardaran los posibles dueños en dar con el cadáver, si es que lo encuentran. Esa noche si lo esperan sera en vano.

 

Me vienen a la mente otras muertes, pero nada en ellas que pueda ser útil a mi amigo. Guardo entonces silencio, el espera más el silencio continua. Veo con claridad que él ha tomado consciencia de que el perro no era propiedad de su dueño, si no que era un amigo. Y, que por ello la muerte del perro no fue la muerte de una “maquina – biológica - carente de alma”, pues los amigos son siempre personas con sus necesidades, derechos y dignidad propios. Pero el ahora eso ya lo sabé, aunque ya antes, me consta, lo sospechaba, las caricias a un cadáver aun caliente le han hecho comprender que también los animales tienen alma o lo que quiera que entendamos por alma. Que con frecuencia no se la sepamos ver solo prueba nuestra ignorancia y no otra cosa.

D.E.P

miércoles, 21 de marzo de 2018

Cuando toca ser “la otra”

Ocurrió, aquella tarde, que se celebraba el funeral de un vecino y que mi madre había pillado una gripe. Hay ciertos compromisos sociales entre vecinos, al menos donde vivo, normalmente a tales actos va ella, pero ella no podía y, aunque no suelo participar en ellos, entre que ella no podía y que yo estimaba al difunto, allá me fui.

Hasta aquí todo normal.

Allí estábamos la viuda, el par de hijos, la esposa del mayor, un puñado de nietos, otros familiares, amigos de la familia, vecinos y ella, “la otra”.

Al terminar el funeral, dentro aun de la iglesia ocurrió lo que suele ocurrir, saludos entre familiares que ya solo se suelen ver en tales ocasiones, bautizos o bodas. Quise esperar para saludar a la viuda, pues siempre recordare el abrazo que entre lloros me dio la noche de la muerte del marido, “¡foise o meu compañeiriño!”, y mientras esperaba la ocasión, me fije en “la otra” que bastante apartada esperaba al hijo menor del difunto.


“La otra” era vecina del hijo menor, de la esposa de este y de un par de niños que los tienen por padres. Vecina, pues, de lo que en el barrio y la familia de él se consideraba un matrimonio ejemplar. Y, solo vecina hasta que un día la esposa descubrió que en realidad la vecina y su marido llevaban casi dos años siendo amantes. Seguro que la mayor parte de los posibles lectores que se pasen por este texto se imaginaran, aceptaran y comprenderán, la reacción de la esposa cuando se entero. Esa noche él ya no durmió en casa y no lo ha vuelto hacer desde entonces, ni se espera que lo vuelva hacer.

Él y la vecina se mudaron entonces y ahora simplemente comparten piso pero bien lejos de donde se conocieron. Han formado una nueva pareja.

No quiero hablar de él, pero quizá deba aclarar que desde mi punto de vista cualquier opción sexual libremente elegida es siempre correcta en la persona que libremente la elige. Promiscuidad o castidad y todo el abanico posible, homosexualidad o heterosexualidad, todas la variantes a gusto del consumidor, las veo correctas si son una opción libre y personal. Una de esas es la de formar pareja, aunque esto hace que cambie un pequeño detalle, pequeño pero esencial, una pareja puede acordar lo que le venga en gana, desde sexo libre, intercambio de parejas, montar tríos, etc y estará bien si eso es lo acordado. Pero el acuerdo es cosa de dos, no puedes acordar una cosa y luego saltarte el acuerdo aprovechando que la otra parte no te ve. Si el acuerdo, explicito o no, es de mutua fidelidad sexual no es honorable saltase el acuerdo, y aun menos si lo mantienes oculto para de esa forma asegurar el mantenimiento de la pareja. Si lo has hecho tu pareja tiene derecho a saber lo que ha pasado, en caso contrario ya no esta manteniendo la relación de forma libre ya que se le hurta información que necesita para elegir libremente. Sí tienes una relación de pareja con acuerdo de fidelidad sexual y fallas y lo rompes eso solo es un fallo, que se le va hacer nadie es perfecto, que la otra persona decida si le sigue o no interesando mantener esa relación, pero si se lo ocultas, si le engañas, entonces lo que estas haciendo es impedirle tomar su decisión, la que sea y con ello violando su libertad. Mientras lo primero me parece que puede ser incluso fácilmente perdonable, lo segundo lo encuentro profundamente repugnante y vil en extremo.

Pero “la otra” no falto a ningún compromiso. Ella no tenía pareja de ninguna clase. Pero la acabo teniendo, en él.


Me duele que la madre de él no la deje ir a casa de la madre cuando va él, que en ese funeral ella se mantuviera a parte del resto de la familia, presente pero ajena para los demás. Hay algo que me gustaría que comprendierais. Yo defiendo el derecho a romper la pareja por motivos de infidelidad, por la misma razón que defiendo cualquier otra opción sexual en libertad. Defiendo el derecho de esa esposa de mandar a la mierda al marido. Nadie tiene el derecho de obligar a esa mujer a mantener una relación que no es lo que ella busca y se le ha hecho creer que tenia. Pero, salvo que lo halláis vivido, estoy segura que no os imagináis, ni podéis sospechar, lo que duele, hasta que extremo te quema por dentro, te desgarra el alma y te revienta el aire en los pulmones ver como estas en la obligación o cuando menos necesidad de sonreír al hombre que quieres cuando sabes y el sabe que lo sabes, que te viene de la cama de otra y volver a sonreír cuando de nuevo sabes y sabe que sabes, que vuelve a la cama de esa otra, que ella es su pareja y tu en cambio “la otra”, que solo está contigo cuando no necesita estar con ella o no le apetece estar. Lo que duele que todo ese desgarro sea un desgarro que la sociedad, tus propios vecinos, consideran que no tienes derecho a sentir, que tu dolor no te ahoga el alma cuando sí te la está ahogando. Que no lloras cuando lo estas esperando, que no te quedas rota cuando lo ves que se va. Y, tus noches se vuelven infierno sabiendo como sabes que mientras lloras él esta con ella y tu imaginación se desborda sabiendo lo que sabes. Solo aquellos desgraciados que lo han vivido y saben lo que es ser “la otra” o “el otro” saben lo que ocurre entonces. Como te defiendes de tu dolor volviendo tu autoestima pequeña, cuanto menor mejor, ya que solo de ese modo se te vuelve el sufrimiento soportable, solo de ese modo el dolor parece no encontrar donde morder. Solo de esa manera puedes resistir un día más tus ganas de aullar y gritar a los mil vientos para desahogar tu sufrimiento al cosmos, sin esperanza de que la humanidad te comprenda, pues sabes que no quiere comprender.

Sí, ella fue “la otra” durante casi dos años, y no por “festejar” ocasionalmente que existe el sexo. Se enamoro. Y todo indica que hubiera aguantado aun más esa tortura de no haber tenido la suerte de que la esposa se enterara y pusiera fin al tormento. ¿Os habéis preguntado alguna vez cuanto hace falta querer a un ser humano para consentir y soportar eso? La mayor parte de las “buenas esposas” y los “buenos esposos” no lo consiente bajo ningún concepto y los que lo hacen siguen teniendo la mayor parte del tiempo y de forma publica a su pareja para ellos, en cambio “la otra” o “el otro” solo le pueden tener a escondidas y solo en forma de migajas. No cualquiera sirve para querer de esa forma.

Por eso cuando la vi allí, no lo pude ni quise evitar, me acerque a ella y comencé a presentar a ella a toda la familia de él, dado que no los conozco del todo bien, puede que alguna prima segunda se la haya presentado como prima tercera o algo por el estilo, pero salvo a la madre que a tanto no me atreví le presente a todos aquellos cuyo nombre conozco. Pero si no la comprendéis a ella pienso que con seguridad tampoco me comprenderéis a mí.

Era, simplemente, mi obligación.


miércoles, 7 de febrero de 2018

Un bebe, un bautizo, un padrino

El es un hombre del que hay poco que pueda contar, pero no es alguien cuya presencia me resulte cómoda. Aunque niego ser gallega, es el precio de querer presumir de ciudadana del mundo y no solo de una parte, la realidad, por supuesto, es que tanta década viviendo en Galicia me ha hecho tomar más de una cosa de los gallegos y los gallegos no respetan gran cosa a aquel que se pasa el día haciendo chistes vengan o no a cuento. Pero eso es precisamente lo que hace él, no para de contar chistes, no para de bromear y no para de encontrar gracioso cosas que nadie más encuentra graciosas. Todo lo cual es para un gallego normal interpretado como síntoma de inmadurez emocional e intelectual. Vamos, que en vez de un hombre nos parece un adolescente a destiempo, y torpe ante la vida. Incluso ante un andaluz, que tienen fama de ser muy amigos del buen humor, pienso que le ocurriría lo mismo, ya que el humor que los andaluces aprecian es un humor amable con la vida, y el de él no lo es, y destinado a hacer agradables los días a todo el que se le cruza en la vida en ese momento y el suyo tiene por destino mostrar yo no sé que especial agudeza suya. Dicho esto hay otras dos cosas que, se me ocurre, decir sobre el hombre.

Una que si le pedís un favor lo más probable es que comience a protestar por ello, aunque es igual de probable que os haga el favor, ya, sin esperar a terminar de protestar. Otro es que cuando su nació su sobrino su hermana lo quiso bautizar, aunque es atea, y dado que ella es una gallega no seria si no muy pero que muy seria, y por lo tanto conservadora, le quiso buscar al hijo un padrino. Y, la tradición, al menos aquí, dice que si tienes un hermano ese debe ser el padrino. Y, eso la atormentaba ya que tampoco ella encuentra grata la compañía del hermano, supongo que por eso me busco, por primera vez en su vida, y es que con mi fama de ser yo “rara” le debí parecer la persona idónea para ayudarla a, por una vez en la vida, ser capaz de mandar a paseo la tradición y hacer algo contrario a las costumbres. Ella tiene un hermano, un montón de primas y un primo. Sonrojada me contó que no quería al hermano como padrino y que estaba dudando si no pedir a su primo que lo fuera. 



A su primo apenas lo conozco, pero tiene fama de hombre cabal, hecho y derecho, que hace mucho, pero que mucho, que dejo la adolescencia atrás y bien superada. Pero yo sé algunas cosas de él, que ella ignora, secretos a los que no se debe poner cara, y por lo tanto aunque los pueda contar aquí, por no tener él aquí cara, a ella no pude, él fue uno de los últimos en hacer el servicio militar en la época en que aun era obligatoria, lo cumplió a unas diez o doce horas en tren de su casa, allí conoció a la que hoy es su mujer y fue ella la que me contó como lloraba él echando de menos a la madre y que por ello comprendió ella, que acabada la mili de él y pese a que allí el futuro laboral, de ambos, era mucho mejor que aquí, se tendría que venir con él para Galicia, ya que allí él se le “moría”, expresión esa suya que no mía. Y, como las primeras veces que se durmieron juntos, el despertaba aterrorizado y dando un brinco cuando sus cuerpos se rozaban y por no estar acostumbrado, aun dormido, él notaba un cuerpo ajeno en aquella cama. Nada de eso le pude contar, pero si le dije que en caso de incendio de la casa familiar, si su primo ve que ha quedado dentro de la casa el niño, entrara o no entrara a por él, dependiendo de si ve o no un buen lugar por el que entrar, si es que entra que puede que no, pero si entra lo más probable es que el miedo lo ciegue y no de encontrado la salida, con lo que alguien más tendrá que entrar para poder sacar al niño y al primo con él. En cambio su hermano, no se detendrá a mirar si hay o no una buena entrada, le bastara con ver si hay una posibilidad, la que sea, de entrar, y de sacar al niño, si es una posibilidad entre cien le bastara, pero si es una entre mil o más también le bastara y una vez dentro tomara el niño y lo sacara. Y, lo haría incluso aunque el niño en vez de un sobrino fuera un desconocido.

Algo, más, pienso, en la forma en que lo dije que en lo que dije la llevo a ella a decidir lo contrario que esperaba decidir con mi ayuda. Por eso hoy, aunque no fue la tradición la que decidió, si no el sentido común, el padrino de su hijo es su hermano.

Y, es que al menos en las cosas realmente importantes, no debiera nunca importar lo que parecemos si no lo que realmente somos.



jueves, 21 de diciembre de 2017

En la noche, oscuridad y silencio

Es en la noche, como ahora, cuando todo es silencio y oscuridad, cuando la luz no es otra cosa que un puñado de luces, débiles y sitiadas por un mar de negrura que las amenaza y acosa, es entonces, cuando alzar la voz suena a blasfemia, que siento lo que ahora mismo siento. Siento entonces que en lo más profundo de mi alma brilla una luz que ilumina sus bordes y es bajo esa luz que siento algo que muy rara vez siento. Siento que todo esta bien y que el mismísimo Universo sonríe y esa sonrisa me cala hasta los huesos. Y, siento entonces, como siento ahora, que todo mal, todo sufrimiento, toda angustia y todo dolor están justificados en su existencia, pues el Universo no es otra cosa que la lucha eterna entre la justicia y la angustia, y ni los dioses pueden hacer que sea de otro modo. Pero que la lucha sea inevitable y mil derrotas se vivan cada día y mil más y otras mil y aun más, no significa que de igual de quien es la victoria y de quien la derrota. 



En este mismo momento que esto escribo o alguien me lee hay incontables animales que están siendo devorados vivos en las fauces de otros animales que lo necesitan para sobrevivir. Y, se que en este mismo momento hay madres que están enterrando a sus hijos y tantas o más madres que no tienen pan suficiente para llenar la boca de esos hijos. Sé que en este mismo momento hay multitud de seres humanos escondidos, perseguidos, rezando para no ser encontrados, pasando frio, miseria y miedo por capricho paranoico de otros humanos. Sé por supuesto eso y más de mil cosas más, muchas de ellas peores aun que esas. Claro que lo sé. El espíritu de la Angustia es poderoso, inmensas son su fuerzas, terrible su poder y no hay mortal que no conozca su dentellada, yo le conozco bien, somos viejos enemigos él y yo. Que su existencia y labor sea imprescindible para que el Universo, la vida y nosotros mismos existamos no significa, para nada, que nos llevemos bien él y yo.

Cuando en la noche toda frontera tiembla, se difumina, se disuelve, por efecto de ese silencio, de tanta oscuridad, es entonces sí, cuando me parece toda angustia justificada pero para nada me parece por ello menos combatible. Pues si necesaria es la Angustia también necesaria es la justicia y la lucha entre ellas trae en ocasiones amargos frutos, es verdad, pero en otras son dulces sus frutos y es en noches como esta que también siento la llamada más que nunca a tratar de morder la yugular de mi vieja enemiga, a segar de raíz su fuerza, a demoler hasta a su misma sombra. Anhelo castrar su poder, someter su devenir a un yugo que obligue a toda su fuerza a sembrar trigo en vez de cizaña.

Es en noches como esta que siento a Mitra más cerca. Cuando menos me importa ser derrotada, pero es también cuando más me importa tratar de vencer una o dos escaramuzas, alguna que otra batalla, salir airosa de alguna campaña. No busco la victoria absoluta, se que ni los dioses la pueden esperar, busco las pequeñas cosas, esas victorias pequeñitas que puedan estar a mi alcance, lograr que el reino de la angustia sea un poco más pequeño de lo que sera si no ayudo a quitarle un trocito a su imperio.

Si soy derrotada el Universo continuara sonriendo, el no puede tomar partido, es fruto del combate y no parte de él, y yo, entonces, vencida, me refugiare en su sonrisa para que la derrota me duela menos. Si salgo victoriosa entonces seré yo la que lo invite a él a participar de mi sonrisa.

El 24 de Diciembre se encuentra ya a las puertas y vendrá la noche en cuyo momento más oscuro va nacer el alba del 25 de Diciembre. Entonces, como cada año, celebraremos el nacimiento mítico del dios Mitra. Esta vez, como suele ocurrir cada año, llegare a esa celebración un poco menos tonta y menos ignorante que como llegue el año anterior, esa es ya una victoria. Pero tengo hambre de más.
De mucho más, sobre todo en noches como las de hoy, en las que el Universo sonríe y todo parece estar bien, pero parece también que aun puede estar mejor a poco que le ayudemos.

La razón de una larga ausencia

Ocurrió que comenzando el año, en casa, lo que mi madre llamaba “vivir con el corazón en un puño” empeoro y mucho. Se volvieron necesarias, entonces las visitas por urgencias al hospital y un par de ingresos en él de unos 40 días en total, Días que resultaron un alivio importante si los comparamos con los otros días, fuera de eso yo no esperaba gran cosa de ellos. Pero visto lo visto he de reconocer que la medicina actual obra prodigios y hacia abril ya todos, yo incluida, teníamos claro que esta crisis se había superado y que probablemente hasta dentro de dos o tres años no se presentara la próxima.

Como es natural durante esos meses Internet continuo existiendo, pero yo estaba dedicando todo mi tiempo libre a reconstruir mis emociones, muy maltratadas con ese inicio de año. Simplemente aun no faltando tiempo de sobra para otras cosas, no tenia ni un minuto para Internet. Él se encontraba presente, pero yo ausente.

Finalmente cuando me di repuesto y quise acceder al blog descubrí que hacía tanto tiempo que no entraba en la cuenta de Google que hasta había olvidado la contraseña. Hice varios intentos, luego más y continué haciendo más y más, pero nada. Solo había una contraseña que tome la precaución de conservar por escrito (es imposible de recordar de otro modo) pero las demás las había perdido en el reino del olvido y no volvían.

Evidentemente insistí y evidentemente termine dando con ella. Ahora pienso que podré incluso recuperar la del Facebook que hice pensando en quizá poder hacer uso de él para la difusión del blog, blog que por fin puede volver a la vida.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Sobre la amistad

Recientes sucesos me llevan a querer hoy hablar de la amistad, lo que entiendo por tal y como funciona esta en mi vida. Ya veré otro día si cuento o no dichos sucesos.

Para que considere yo que soy amiga de una persona se necesita una cosa, para que considere que esa persona es amiga mía se necesita además otra.

Soy amiga de cualquier persona que se lo merezca y en la medida que se lo merezca y considero amiga a cualquier persona en la medida que se lo gane y solo en la medida que se lo gane.

Una persona despierta amistad en mí cuando da muestra de una serie de características, ese despertar jamás me pide permiso pero tiene mi permiso por supuesto. Me despierta amistad la gente valiente pero no la imprudente, la sincera sobretodo consigo misma, la muy o poco inteligente pero amiga de usar su inteligencia, la gente humilde que no cree saberlo todo o no ya lo suficiente, la que mira de frente la vida, la que no teme la intemperie ni la puede molestar un poco de brisa; cuando no se emborracha con palabras huecas, cuando tiene algo que decir y lo diga o no; cuando rehuye incluso sus propios prejuicios; cuando sabe y siente que también los demás somos reales y no mero decorado en su vida. Cuando no es infeliz por tonterías vanas, cuando no teme su sombra, cuando no teme la de los demás, cuando su mente es libre y su corazón fuerte. Cuando cada mañana se despierta dispuesta a aprender algo nuevo, cuando le mueve la curiosidad, el hambre de ver y comprender.

Eso y cosas como esas es lo que en mi despierta amistad.

Como se puede ver en ningún momento digo, ni podré decir jamás, que para despertarme amistad es necesario que a mi vez la despierte yo en él o ella. Muchos de mis amigos soy amiga de ellos pese a que no saben ni que existo.

Para creer que alguien siente amistad hacia mi persona, en cambio, funciona de un modo diferente. Me gustan los abrazos que me pueda dar un amigo, pero no los considero amigos por ello. Un abrazo no cuesta nada, no prueba nada. Hasta tu peor enemigo te puede abrazar para apuñalarte por la espalda. Solo empiezo a sospechar amistad por parte de alguien cuando le veo hacer, para tratar de favorecerme, algo que le cuesta hacer y cuanto más le cueste más lo sospecho. Por lo tanto abracitos, besitos y sonrisas nada me dicen al respecto. Solo en pleno invierno, en noche oscura, se reconoce al amigo. En pleno verano, bajo la luz del mediodía hasta el que planea merendar tu hígado te sonríe.

Hasta ahora no he hablado para nada de la amistad entendida como relación, hablo de algo más básico, de puro sentimiento. Para que se establezca una relación de amistad entre yo y alguien es necesario que se den a la vez ambas cosas y algo más, un grado suficiente de trato en la vida como para habernos probado mutuamente que en efecto somos tal y consecuentemente, aunque a la vez como causa o no solo como consecuencia, nazca entre nosotros una confianza mutua. Un “yo sé y tú sabes y los dos lo sabemos que cada uno puede contar con el otro”. No contar para el intercambio de sonrisas ya que es sabido que hasta el lobo sonrió a Caperucita Roja cuando se dispuso a comérsela. Contar el uno con el otro para las noches oscuras de frio invierno.

Por todo ello no cualquiera puede ser amigo mio, no de cualquiera quiero yo ser amiga.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Ser un zombi es fácil

Pensamientos góticos:


Son como zombis, diría alguna gente, seguro, pero su corazón late, sus pulmones respiran, su piel es cálida y otras mil cosas más los diferencia de los zombis, pero son muchas también las semejanzas que hay entre ellos. Una de esas semejanzas es que tanto los unos como los otros carecen de afán por aprender algo nuevo, sienten que ya saben lo suficiente, todo lo que necesitan saber para cumplir con su destino en la vida.

Desde que nacieron, estos falsos zombis, han sido aleccionados por su entorno social, se les ha dicho, hasta lograr que se lo crean a pies juntillas, lo que deben sentir, pensar, buscar, hacer; de que modo deben verse a si mismos, de que manera ver a los demás, de que forma ver la vida. Y, ahora van por ella, la vida, como aquel que va por una autopista, bien seguros de que el ingeniero que la construyo es de fiar y bien sabía lo que hacía. Sienten que desviarse de ese camino ya hecho es caer en la oscuridad salvaje de un bosque cuyos arboles no dejan fluir la luz. Y, les aterra perder esa senda, nada es para ellos tan importante como la promesa doble que se les ha hecho en nombre de esa autopista; se les ha prometida que ella y solo ella les puede garantizar un mínimo de aciertos en la vida.

Le tienen tanto miedo a ese bosque oscuro y salvaje, de apariencia caótica, ese que imaginan rodeando su autopista que aunque quisieran, que no quieren, investigar, explorar lo que es la vida fuera de esa autopista, no osarían hacer tal cosa. Ellos creen en limites que fueron inventados por otros no muy diferentes a ellos, ven fronteras en la vida que en realidad solo existen en nuestros mapas y para nada en ella, llaman luz a estar dormidos soñando estar despiertos y que ven la luz del Sol. Pero sus ojos están cerrados.

La realidad es que la Realidad, de la vida, está fuera. Y, dentro también. Pero no en nuestras fantasías, no en nuestro imaginación, no en “verdades” consensuadas. La realidad es que nuestro entorno cultural, como cualquier otro, es mucho lo que sabe pero también mucho lo que ignora y la mitad de lo que nos pide que nos creamos es simple y llanamente una mentira, un disparate y hasta en ocasiones una aberración. Vivimos atrapados en el sesgo cognitivo, en el prejuicio campante.

Somos una sociedad de zombis, aunque nos lata el corazón. Vamos por la vida, envejeciendo y muriendo, sin llegar jamás a estar vivos del todo. Es esa la forma con la que damos forma a nuestra sociedad, a nuestra cultura, y a la mirada de nuestros niños. De vez en cuando, menos mal, surge alguien que es una excepción y aporta algo valido, pero de cada cien o mil veces solo una se le hace caso y la mitad de las veces en que le hacemos caso es para usar eso valido pero de un modo, manera, forma que son invalidas.

Vivo en un bosque tenebroso, oscuro, frío y caótico. Donde la luz no da entrado. Vivo en él desde que nací. Pero ese bosque no se encuentra fuera de esa autopista ya mencionada, al contrario, ese bosque que no deja pasar la luz es esa autopista.

El sentido de la vida se encuentra fuera del asfalto. Pero somos como el borracho de aquel viejo chiste, que habiendo perdido las llaves de su casa en un callejón oscuro corrió a buscarlas bajo una farola que había al doblar la esquina y por la sencilla razón de que allí, como luego dijo, había más luz. Pero más ilumina la oscuridad de la noche que la mejor farola cuando las llaves no están bajo la farola.

Estamos borrachos de falsas verdades.