sábado, 29 de febrero de 2020

Un favor os pido, dioses

Un favor os pido, dioses. Uno que sabed no es para mí. Uno que espero escucheis con corazón amistoso y voluntad complaciente. Uno que engarza en mí, pues aunque nacer no nace en mí engarzar engarza. Uno que mal no trae. Uno que en el Cosmos nace, en el Cosmos respira y al Cosmos sirve.

Un anhelo es sin desmesura, bien medido.

¡Qué su deseo se vea cumplido, su trabajo recompensado, su camino abierto!

Ese es su anhelo. Ese es mi anhelo. ¡Sea pues tambien el vuestro! Asi os lo pido, hecha está su tarea, hecha está mi tarea, que no le falte ahora, en esto, la vuestra.

Un favor os pido dioses, que las tres voluntades sean una hoy 29 de febrero de este 2020.


¡Qué mi ofrenda sea aceptada!

sábado, 27 de abril de 2019

Hoy

 Hoy necesito... algo que no se nombrar, echo de menos un tiempo, un lugar... y cosas... de las que no sé hablar...

domingo, 31 de marzo de 2019

Somos animales sociales

Es una noche rara esa en la que ella y yo coincidimos y terminamos por hacernos mutuas confesiones.

En un momento dado, ya cerca del final, ella me dice que es “animal de manada”, que siempre a donde quiera que ella va trata de encontrar allí una manada en la que integrarse. A mi vez le confieso que también yo soy animal de manada, pero que al contrario que ella jamás he encontrado a mi manada y que a estas alturas de mi vida ya no cuento que algún la encuentre. En sociedad siempre me siento como pulpo en un garaje. Que sienta aprecio, y muy fuerte, por la humanidad no me impide sentirme como E.T., perdida y atrapada en ella.

Puede que todo ello sea consecuencia de lo ocurrido en mi infancia. En la infancia la cultura en la que vivimos nos dice lo que debemos creer sobre lo que somos, lo que son los demás, lo que es el mundo, lo que es la vida, lo que se debe pensar y como, sentir y como, y hasta lo que se debe hacer y como. Que es lo que debemos desear, soñar, buscar.

Pero para que eso funcione hace falta fe. Fe del niño en los padres, en los profesores y/o en los sacerdotes. Y, mi fe, cuando la tuve me duro bien poco. En padres y maestros pronto la vida me la rompió y en los sacerdotes ya ni llegue a tener tal cosa.

Pero todos necesitamos una cultura, y del mismo modo que niños solitarios generan un amigo imaginario con el que jugar yo genere toda una cultura imaginaria para vivir, una sociedad imaginaria a la que pudiera comprender y respectar y hasta una familia imaginaria en la que sentirme arropada.

Por eso las palabras de mis padres, de mis profesores, la de los sacerdotes me arañaban la piel pero no me calaban hasta el tuétano de mis huesos como sí calaron a los hijos de mis vecinos. No existe ningún lugar del planeta Tierra donde esa cultura mía exista, salvo bajo la planta de mis pies.

Por todo ello mi forma de sentir, ver, pensar y obrar estoy condenada a que la viva en solitario. A vivir entre gente que no tiene forma de entenderme.

Decía Aristóteles, un viejo filósofo que los seres humanos somos por naturaleza sociales y que por lo tanto un ser humano que no necesite a la sociedad es en realidad o bien un monstruo o bien un dios, y yo no soy ninguna de las dos cosas, ni soy un monstruo ni soy un dios. Pero por mucho que ame, que lo hago, a la humanidad yo humana no me siento. No sé lo que soy, pero eso no. Al fin y al cabo lo que me ocurrió en mi infancia le ocurrió, de un modo u otro, a todo el mundo en la suya, pero a ellos, a todos vosotros, eso no os hizo perder la fe, ni en vuestros padres, ni en vuestros profesores, ni en vuestros sacerdotes. Jamás entenderé que no la perdierais, como vosotros, imagino, nunca comprenderéis que yo la perdiera y lo que es aun más importante que me alegre que la haya perdido aunque tenga que vivir sin manada por mucho que la eche de menos y es que solo de esta forma soy lo que realmente soy. En realidad la soledad no es tan terrible una vez aprendes a vivir en ella. En cierto modo solo en la soledad somos realmente libres, pero esto es asunto ya para tratar en otra ocasión y si es que esa ocasión llega.



En fin, que soy animal de manada, que no de rebaño, pero mi manada no existe. Quizá, puede ser, exista en otro espacio, en otro tiempo, pero, seguro, no en el mundo que habito. La humanidad de la que tanta necesidad siento aquí no la hay. Dicen viejos sabios chinos que quien pretende mejorar el mundo lo empeora, eso incluye a la humanidad, la humanidad es una especie animal y es la naturaleza la que la ha hecho ser lo que y como es. Buscar una humanidad diferente es perseguir un imposible. Yo no la puedo cambiar, ni debo, ni quiero, pues también ella tal y como es tiene derecho a existir. Es solo que sigo echando de menos a mi gente, anda muy hambrienta de ellos y pese a ello vivo ya sin esperanza alguna de satisfacer jamás esa hambre mía. Por ello vivo una vida que se puede resumir toda ella en una sola palabra. Soledad.

No pasa nada, simplemente ocurre que esto es lo que hay.

jueves, 10 de enero de 2019

El sueño del ángel


Ocurrió en su momento que un amigo mio sospecho que, pudiera ser, conociera yo ciertas cosas sobre la Ciencia y el Arte de los filósofos. Y llevado del deseo de saber me pregunto acerca de ello.

No me era entonces momento propicio para comenzar a buscar palabras con las que descorrer velos.
“El Espíritu sopla donde quiere” me dijo, y en sus oídos de momento me decía que no había querido soplar. Con ello difícil me lo ponía y es que si el Espíritu no soplaba en sus oídos no me pareció que fuera yo nadie para andar “soplando” en ellos. Y decidí callar y guardar las palabras, que me pedía, para un futuro próximo en el que me fueran más fáciles y no se encontraran sus oídos taponados por mil sombras. Fue un error mio, que, y solo en parte, mi ignorancia de entonces sobre lo que iba a ocurrir puede disculpar.

El caso es que fue pasando el tiempo, llegaron los años y pasaron también, y confiando en que solo media hora de camino nos separaba deje que el contacto entre nosotros no se retomara, mientras esperaba que el asunto se cociera en su propia salsa y eso aligerara mi trabajo con las palabras. Así llego el día en que por motivos que no vienen al caso quise retomar el contacto entre nosotros. Su hijo me recibió en su casa y me contó que hacía ya unos años que su padre había muerto. Dada la naturaleza de la enfermedad que lo mato es hasta posible que en aquella última conversación entre mi amigo y yo, mi amigo supiera ya que no le sobraba el tiempo, más yo confiando en mi ignorancia calle y fue de ese modo como mi amigo pago por mi ignorancia.

No sé que habría ocurrido de haber, entonces, hablado. Pero sé que debí hablar.

Ayer un acontecimiento me hizo recordar mi error. Un error que no tengo intención de volver a cometer.

Es cierto lo que me dijo mi amigo, el Espíritu sopla donde quiere. Lo que mi amigo no tenia en cuenta es que nada limita a ese Espíritu y por lo tanto sopla en todas partes, No hay oído alguno donde él no sople. Y es que de ese modo, y por ser esa su naturaleza, lo quiere él, Ni sabe, ni quiere, ni puede callar.

Es tarea nuestra limpiar nuestros oídos, tarea nuestra confiar en él, tarea nuestra dejar que haga su trabajo. Escucharle es dejarle hacer.

Aquel día escuche a mi amigo, pero no al Espíritu que soplando en su oído me rogaba ayuda para hacerse entender. Tengo desde entonces una deuda con mi amigo que ya no podré saldar como debiera y otra con el propio Espíritu que trato de saldar en lo que puedo.

Pensando en todo ello esta noche me dormí, nada tiene pues de raro que en mi sueño soñara lo que en mi sueño soñé.

En mi sueño, en lo alto de una cumbre que me pareció tocar el cielo, tras un ascenso me encontré con un anciano, que parecía llevar allí un rato esperándome. Aunque si era hombre o ángel o más bien un daemon yo eso no sé ni veo que importe.

Y, ese anciano así me hablo:

“Muchas son las palabras, tantas que nadie las ha podido contar ni podrá, con las que quitar velos y desnudar la Ciencia y el Arte de los filósofos. Tantas son que con frecuencia más sirven para velar que desvelar lo que han de desvelar. ¿Por eso las temes?

Recuerda que la Ciencia es humilde y el Arte simple. Toda nuestra Ciencia no es otra cosa que saber observar la Naturaleza fecundando a la Naturaleza. Ella es nuestra maestra. Nuestro Arte es seguir sus pasos para hacer de dos, que ella ha hecho dos, solo uno; un uno que ella sola, sin nosotros, no es capaz de hacer. No es nuestro Arte otra cosa que tomar a un uno que la Naturaleza ha dejado imperfecto, inmaduro, incompleto a su máxima perfección, madurez y completud y todo ello de modo tal que tomando ese uno en su propia naturaleza, tal y como la propia Naturaleza nos lo dejo, por vías Naturales completemos su obra, llevando a ese uno, por ese camino a ser todo lo que él es y puede ser de modo pleno.

Cuando se comprende de lo que se habla iniciar el camino es fácil ya que no se necesita saber mucho para dar el primer paso, querer. El resto lo enseña el propio camino. Aquí más que en ninguna otra parte es el camino maestro del caminante.

La sencillez es nuestro guía. No es necesario entrar en discursos complejos y quizá tampoco sea bueno que se entre en ellos.

La confianza nuestro sostén. Pues todos temen andar sobre fino cristal y un abismo bajo él. Se hace necesario confiar en el camino incluso cuando se duda de lo que se sabe, sin esa confianza la duda nos quita del camino, con ella la duda nos puede acompañar y pese a ello no tocarnos.

Es tarea de dejar, llevar, a la Naturaleza a sus últimas consecuencias y por ello los artificios ideados por los hombres aquí no caben. Sin la Naturaleza nada podemos, ella sabe, y solo ella puede, por sus propia forma de ser, con nuestra ayuda pero sin que le impongamos nada ajeno a ella, nada vano tiene cabida aquí. Por ello es necesario ser muy pequeño para aspirar a ser lo más grande, pero tal cosa no es posible si estamos ciegos a la grandeza de lo pequeño y a la pequeñez que contiene a la grandeza que a su vez la contiene a ella.

Por eso el camino no exige ser sabio, pero si humilde, sencillo y confiado. Y tener muy claro en que consiste eso grande y eso otro que llamamos pequeño, comprendiendo cual es el lazo que los une y hace ser.

Si en verdad se comprende eso último entonces el Arte es fácil. Todas sus operaciones son en realidad solo dos, disolver y coagular. Y es que toda operación en este Arte no es más que un momento de la obra de esas dos, ellas las producen todas y ellas conducen a todas por lo que realizando esas dos todas se realizan de forma natural y sin necesidad de artificio alguno.

Disolver lo que llamamos pequeño en lo que llamamos grande, coagular lo grande en lo que llamamos pequeño; eso no se puede hacer si no es con la colaboración de calor rojo e interno que no quema pero alimenta y engendra todo lo que merece ser engendrado, ese calor no pude ser tan fuerte que queme, ni tan tímido que no de para hacer su labor; es un fuego esencial para esta obra que mientras la obra dure no se debe apagar si no fluir en todo momento según su propia medida. Lo alimentan dos fuentes, una se llama arriba, la otra abajo y en él ambas aguas se funden con intenso amor, de modo tal que no es más una que la otra si no que más bien por ser la una es la otra y por ser la otra es que ella es la una. La una nace de un corazón pequeño que el sabio sabe apreciar, su naturaleza ilumina al mundo; la otra nace de un corazón inmenso que el mundo nos oculta o no.

Conociendo las dos operaciones y el régimen y la naturaleza del fuego ya es posible iniciar la Obra y persistiendo dejar que ella misma te conduzca a su final.

Dicho esto: ¿aun piensas que es difícil de explicar?. Ahora sabes que no. “

Y, dicho esto el anciano comenzó a disolverse y la propia montaña se disolvió y hasta los cielos se disolvieron dejándome a solas con sus palabras, entonces vi que había despertado, de mi sueño salido, corrí al papel y escribí palabras que hace mucho debí decir pero preferí callar. Error mio que no tengo intención de repetir. Por ello hoy aquí dejo las palabras de ese anciano, que si hombre, ángel o daemon no importa a nadie a quien si importe la Ciencia, Arte y Obra de los filósofos

viernes, 28 de septiembre de 2018

UN DÍA TRISTE, MUY TRISTE


Hoy es un día triste, muy triste.

Y, es un día condenado a marcar en mi vida un claro antes y después.


Hace de esto muchos años, pero muchos, siendo yo ya mitraista y teniendo acceso por primera vez en mi vida a Internet quise buscar información en él sobre mitraismo. Lo primero que encontré fue una pagina de supuestos mitraistas dedicada a defender una ideología neonazi. No entendí nada y acabe pensando que el uso que reiteradamente hacían allí del nombre del dios Mitra y su culto misterico era una forma de hablar en código para que los demás en realidad no les entendieramos. Me produjo tanto asco lo que vi allí que en muchisimos años no volví a hacer una busqueda en Internet relacionada con el paganismo. Fueron años en los que viví en el convencimiento de que seguramente habría a día de hoy en el mundo un par de docenas, mal contadas, de paganos y que nuestra presencia en la red era nula.

Pese a ello, hace bien poco, no pude evitar la tentación de hacer una nueva búsqueda. Para mi sorpresa lo que encontré en esta ocasión fue algo muy diferente. Sí existen paganos hoy, cientos, miles, muchiiiiiiisimos miles. Quizá más de un millón. Y, acabe participando en un blog de paganismo y termine entrando en Facebook a formar parte de diferentes grupos paganos. Por primera vez en mi vida sentí que tenía un hogar.

Pero no me duro mucho ese sabor.

Se me fue yendo a golpe de realidad.

La ignorancia que caracteriza al paganismo actual no es el problema, eso se cura con el tiempo. Lo es su tolerancia con lo intolerable y su intolerancia con lo que se debe tolerar e incluso defender. Ver hoy como alguien, pagano, en un grupo pagano, nos dice que lo que debemos hacer con más de mil millones de personas es asesinarles y solo por ser su religión odiosa para el que eso escribe y que no pase nada, que semejante barbaridad no hace que los paganos se rasguen las vestiduras en señal de repulsa ante ello... eso... me resulta... claramente significativo. El paganismo actual está repleto de odio, intolerancia y es un peligro en su actual estado para el futuro de la humanidad. Algo así no debe crecer. Y yo, pero solo por ignorancia de esto, he estado colaborando con él. Pero ahora que sé lo que hay ya no queda excusa que pueda dejarme seguir colaborando en ello.

Hoy he perdido el único hogar que he sentido tener en mi vida. Un hogar sin paredes pero hogar al fin y al cabo. Lo único bueno es que es mejor que pase ahora, ya de ya, a que tarde aun más en pasar. Mala cosa que tenga que pasar; pero dado que tiene que pasar, cuanto antes mejor. Ya ha tardado demasiado.

viernes, 24 de agosto de 2018

Hablando de minifaldas y zapatillas

Sucedió el mismo día en que me la presentaron. Me pareció una mujer inteligente, culta, segura de sí misma y con un fuerte don de gentes. Me resultaba su presencia, en principio muy grata.

Estábamos hablando cuando entro una joven de unos 20 años o menos, con un vestido corto y ceñido, tan corto que cuando la vi sentarse sin que se le vieran las bragas lo considere todo un arte.
Me llamo la atención con ello, al igual que a todo el resto de la concurrencia. Note que al verla mi recién estrenada nueva conocida ponía mala cara, sentía rechazo y desagrado. Fue incapaz de no hacerme un comentario al respecto.

Esa no era forma de vestir, decía ella, era impresentable, intolerable y jamás una hija suya vestiría de ese modo. Que eso lo decidiría la hija y no ella, fue mi respuesta. Rauda reacciono a mis palabras , que de eso nada, dijo que si hacía falta..., que si hacía falta, pero leyó mi cara, si ya me estaban desagradando sus palabras al ver a lo que quería aludir mi cara se debió volver un libro abierto para ella, leyó que sabía lo que iba decir, que se aseguraría de que la hija tirara ese vestido a la basura aunque fuera convenciéndola a zapatillazos. Pero leyó lo que pensaba yo al respecto y no se atrevió a terminar la frase. Y de esa forma termino la que fue nuestra primera discusión.

Eso, la forma en que lo hizo aun más que lo que dijo, me dio muchísima información sobre mi nueva conocida. Pero también me hizo fijarme en la chica. Note que los jóvenes del pueblo, que la conocen desde niña, es lo que tiene los pueblos pequeños, eran conscientes, cosa inevitable, de la presencia del vestido, pero a ella la trataron como siempre, no pareció afectarles, en cambio a tres o cuatro que eran de fuera el vestido los atrajo como la miel a las moscas, ella los trato entonces con cortesía pero sin más. Por eso y por sus gestos y falta de otros y hasta forma de posicionar el cuerpo pero no otras formas, me di cuenta que los jóvenes de fuera del pueblo se equivocaban, ella no buscaba para nada sexo, y como parecían saber los del pueblo, no estaba abierta para nada a esa posibilidad. En realidad y pese a las apariencias superficiales ella no buscaba resultar atractiva a los hombres. Lo que buscaba era ella sentirse atractiva, que es algo bien distinto. No se había vestido de esa forma para ellos, se había vestido así para ella misma.

Me pareció comprender que todo venía a cuento de un ego necesitado, que era obvio que no lo tenia precisamente por las nubes, necesitado o bien de saber que podía o bien de alimentarse, fortalecerse, viendo, con hechos, que en efecto podía.

De ser hija mía confieso que lo que vi me habría preocupado, quizá innecesariamente, pero me habría hecho hablar con ella, pero no desde luego sobre el vestido.

Le habría preguntado como se sentía, que era lo que la hacia sentirse bien y que era lo que la hacia sentir mal. Le habría hablado de la diferencia entre el orgullo y la vanidad y que la vanidad es delirio nacido de la falta de orgullo y la debilidad que esa falta deja en el ego, en la autoestima. En fin, no voy hablar ahora de esa diferencia que todos debiéramos conocer y tantos se empeñan en que la ignoremos y terminemos confundiendo la velocidad con el tocino. Y, es que ese no es el tema que me trae hoy aquí.

En estos momentos llevo unos días preparando un articulo para publicar en otro blog, en el que voy comentar un libro en el que el autor defiende que la sociedad se inmiscuya en asuntos privados diciendo y presionando a todo hijo de vecino para que viva de un modo correcto, lo que por supuesto incluye muchas cosas, por ejemplo, si vas entrar en un templo cristiano, es lo correcto que no te pongas minifaldas o estarás mostrando falta de respecto y no me parece mal ya que esa es “casa” de ellos y cada uno en su propia casa es rey, ahora bien que no salgan a la calle y pretendan decirte también allí como vestir, pero si vas por ciertas calles de ciertas ciudades, y todos sabemos a cuales me refiero, más te vale que te vistas de tal modo que ni tu madre te reconozca si te cruzas con ella o cualquiera podrá recriminarte, según las costumbres locales, que vas “desnuda”; del mismo modo, llevar un vestido que parece dejarte las bragas al aire esta bien si vas recoger un Oscar de la Academia y tienes mil cámaras de TV enfocándote para transmitir el evento pero no si sales un sábado noche en tu pueblo de toda la vida. Y así un largo etc.

Esa manía que tiene tanta gente de creerse en el derecho y hasta en la obligación de exigir a los demás vivir como a ellos les parece que deben vivir me preocupa y pensando en ello fue como recordé la historia que había pensado callar. Y, ya no voy callar.

Me asusta la gente que es incapaz de respetar el derecho de los demás a vestir como les salga a ellos de la real gana. Y, me espantan aquellos que se consideran capacitados para saber lo que es lo correcto, aquellos que se consideran poseedores de la verdad, aquellos a los que les falta la humildad suficiente para ver, admitir, asumir, que su forma de ver el mundo, la vida, a los demás no necesariamente tiene que ser la verdadera por muy cierta que a ellos se lo parezca. Esa fe absoluta que se tiene en las propias creencias es la madre de todos los fanatismos y solo puede nacer de un ego ciego y enfermo, falto de orgullo sano y sobrado de mal disimulada vanidad.

De esto es de lo que hoy quería hablar, de la desfachatez y sobreabundancia de los intolerantes. Y, del modo en el que otros les facilitan el camino.

¡Cuidado los tenemos en casa!


(Nota: el texto anterior lleva aproximadamente un año escrito, en espera para ser publicado a que el otro articulo, para el otro blog, también lo sea. Pero han ido pasando los meses y el articulo esperado no lo he dado escrito, cada vez que lo intento fracaso. La razón de mi fracaso guarda relación con que en cada intento, nada más empezar me asalta una fuerte grima de la que termino huyendo sin acabar el texto. Pero recientemente me he comprometido a escribir otro articulo sobre un texto, de autor diferente, que viene a defender que dado que todo ser humano es falible la mejor solución moral es que la comunidad, la sociedad, ejerza un control de nuestra moralidad, y que por lo tanto nos pongamos en manos de ella y nos dejemos tutelar moralmente. Por lo que al final he decidido publicar mi texto sobre “minifaldas y zapatillas”, sin esperar al otro que a estas alturas ya no sé si algún día lo daré o no terminado)

jueves, 19 de julio de 2018

El gatito perdido

Me la encuentro mirando la huerta, me ve, la noto alterada ya en su forma de verme. Me pregunta si vi su gato. No el gato del que una vez hable, ese ya no esta entre nosotros, se lo mataron. El gato nuevo es un gatito que hasta hace bien poco aun mamaba, color café, con las orejas, el rabo y las patas negras. Un ser feliz, maravillado con la vida y en plena exploración de ella. Hoy no lo he visto.

El gatito se le perdió, me dice. Lleva largo rato buscando buscando por él y no lo encuentra. La mando a su casa, que ya me encargo yo, le digo. Y, comienzo a buscar. Nada, sigo buscando, y nada de nuevo, amplio la búsqueda y de nada me sirve, desando lo andado por si él no estaba pero ahora sí donde antes ya busque y nada de nuevo. Sigo buscando, pregunto a la gente, nadie lo ha visto. Le busco incluso donde un gatito se supone que difícilmente daría llegado, por todos los coches que hoy hay en las carreteras, demasiadas que atravesar si no se sabe mirar antes a derecha e izquierda, pero aun así las atravieso y miro y busco tras ellas. El gatito sigue sin aparecer. Vuelvo a desandar lo andado. Paso mi casa, llego a la suya, entro, miro arriba y abajo por su huerta y nada, me ve y la veo, voy hacia ella, le doy la mala noticia, por otro lado obvia, de que no lo he encontrado. Me dispongo a repetir la búsqueda, y entonces me parece que lo oigo, maullando, entramos en la casa, los maullidos vienen de la cocina, de una alacena donde ella guarda las cosas del desayuno, y que tiene cerrada. La abrimos y el gato sale de ella.

Había, seguramente entrado, me dice ella, sin que lo viera entrar cuando se preparo el desayuno y luego al cerrar la puerta de la alacena el gato quedo atrapado dentro. Después ella lo hecho de menos, miro y no lo vio, salio a la calle y se lanzo a su búsqueda.

… Y, es que a veces, pienso, que buscamos lejos lo que en realidad tenemos muy cerca. Y, solo por ello se nos vuelve ya imposible de encontrar.

jueves, 5 de julio de 2018

Vivir es decidir

La vida es muchas cosas, tiene mil y más caras. Pero una de las cosas que la vida es y de entre ellas de las más vitales es decidir en ella y desde ella. Optar.

La vida desde hace un tiempo me ha puesto en una situación que me obliga a dar a mi propia vida un enfoque nuevo y recorrer caminos nuevos. Eso no es malo, por supuesto, simplemente eso es la vida. Pero que no sea malo no quiere decir que en este caso no encuentre yo el problema.

Sé que opciones tengo abiertas, que objetivos son o parecen ser alcanzables, ese no es pues el problema. Sé de todos ellos cuales me gustan y cuales no, por lo que ese tampoco es el problema. Sé incluso de entre los que me gustan cuales deseo y cuales no, por lo que tampoco ese es el problema. Conozco las incompatibilidades que existen entre algunas de esas cosas, en principio alcanzables, que me gustan y además deseo, de modo que tampoco ese es el problema. Soy consciente, o eso pienso, de la carga de esfuerzo que cada uno de esos objetivos requiere para ser alcanzable, entonces tampoco ese es el problema.



Mi problema es que de entre todos esos objetivos que deseo alcanzar pero son incompatibles entre ellos... no tengo nada claro, pero nada de nada, a cuales quiero ir y a cuales sacrificar para alcanzar a los que más quiero ir. Es decir: sé lo que puedo, lo que me gusta de entre lo que puedo, lo que deseo de entre lo que me gusta, pero no, para nada parte de lo que quiero de entre todo eso que deseo y tengo, o eso parece, al alcance de la mano.

Y lo malo del asunto es que la vida no se queda quieta parada a esperar que yo me aclare. Ella sigue su camino mientras yo me encuentro inmovilizada, atrapada, por la duda.

Dudar es de sabios, pero la sabiduría no es el fin, el fin es la vida y la sabiduría solo un medio para optimizar nuestras decisiones. De bien poco me sirve ahora mi sabiduría, si es que la tengo, pues elegir sabiamente requiere conocernos y conocer la vida, pero ella no puede decirnos que es lo que queremos, que es lo que anhelamos, cuales son nuestras preferencias; todo eso solo nos lo puede decir nuestro propio corazón y yo tengo el corazón confuso.

Debería salir, ir fuera de mi marco de vida conocida, romper con los recuerdos de un pasado que encuentro en cada esquina de donde vivo. Pasar una semana en algún lugar fuera de lo habitual, que me sea extraño, que encuentre nuevo y no viejo. Pasar allí una semana o mejor tres, una para desintoxicarme, otra para encontrarme y una tercera para asumir y madurar lo encontrado. Pero eso es algo que ahora mismo no me puedo permitir.

Laboralmente la cosa no admite dudas, eso al menos ya es algo. Son mis sentimientos, mis emociones las que andan confusas y peleadas, en plena guerra civil, mordiendo las unas a las otras en un pleno “quitate tú que me pongo yo”, estoy emocionalmente dividida, sentimentalmente confusa.

Hay prisa, ya que la vida me la impone, pero supongo que dadas mis circunstancias dejare pasar el verano, mi último verano de la vieja vida, viendo si logro aclararme un poco o logro dar con alguna gota más de información que me sea útil para mi toma de decisiones. Al fin y al cabo unos meses, si son pocos, me los puedo permitir, y sacarles provecho despidiéndome de ese pasado que ya siempre formara parte de mi vida y hasta aquí me trajo, pero que ya no es el hoy, ni va poder ser mi mañana.


Y, terminado el verano, me tomare unos días, pero solo días, para ver que puedo encontrar en algún lugar lejano a mi pasado, si es que encuentro algo de lo que, seguro, sabe mi corazón pero no se lo sé ver como quisiera saber.

Luego decidiré que es lo que quiero vivir y que es lo que no. Que es aquello por lo que voy luchar y que aquello otro que voy abandonar, por ser incompatible con ello o no querer invertir esfuerzos en lo que quiero poco si los necesito en aquello que más quiero.

viernes, 15 de junio de 2018

Rezo a los dioses

A todos los dioses que me sean propicios, tanto aquellos que conozco como aquellos que no:

A las puertas de iniciar, en esta vida, una nueva singladura, que probablemente sera mi último viaje,
os pido que las aguas me sonrían y vientos favorables me acompañen y pueda de ese modo llegar a través de esas aguas y con esos vientos a ese puerto que tan lejano hoy temo.

… Y, sea cual sea mi destino, si llegara a ser amargo ruego a ti Pachamama que ni en la amargura me falte alegría; y a ti Mitra, te ruego, que no me tiemble la mano ni me falte timón. Y a ti Madre de Horus, esposa de Osiris, pido como siempre te he pedido que allá donde se encuentre cuides de ella.

viernes, 1 de junio de 2018

Dos palabras mágicas: “yo opino...”

Tras llevar unas semanas en un foro de paganismo actual, y viendo el mal ambiente que a veces se genera, hay algunas palabras que me gustaría decir:

...Sócrates, Platón y Aristóteles, son probablemente los tres filósofos más conocidos de la Grecia pagana, pero ninguno de ellos encaja bien en la definición “habitual” de pagano si por paganismo entendemos las creencias religiosas de los habitantes del campo, que es lo que significa literalmente. De hecho Sócrates fue acusado de enseñar a la juventud lo que los cristianos llaman “herejías” y un jurado popular formado por 500 de sus conciudadanos lo encontró culpable y condeno a muerte. El paganismo es un fenómeno religioso mucho más complejo de lo que se suele admitir. En realidad, aunque el caso de Sócrates, por su dureza es una excepción, la historia del paganismo grecolatino esta repleta de desencuentros y roces entre las distintas formas de entender y vivir, ya entonces, el paganismo.

Hay un paganismo que solo ve arboles y deduce que el bosque no existe, otro que también solo ve esos arboles pero deduce de ello que el bosque existe. Se me ha dicho que si no queremos que el paganismo se confunda con el monoteísmo abrahamico debemos negar la validez del segundo tipo de paganismo. Lo que me dejaría fuera del paganismo, pues si creo en la existencia del bosque.

Pienso que lo correcto es otra cosa, admitir como validos ambos tipos de paganismo y para evitar la confusión con el monoteísmo abrahamico simplemente señalar las diferencias que ambos paganismos tienen con ese monoteísmo absoluto. Si nos da miedo que un paganismo, que formula preguntas difíciles y da respuestas complejas sobre la Naturaleza y la divinidad, nos resulte confuso entonces simplemente expliquemos bien ese paganismo, pero no por miedo a ello lo debemos negar.

Pero si lo negamos, incluso si lo desprestigiamos, no tiene nada de raro que esos otros paganos no quieran entrar en un choque de creencias, pues debatir es una cosa y chocar otra. Por lo tanto si nuestra voluntad es debatir sobre ello nos debemos expresar de un modo que invite a ello y por lo que he visto hasta ahora nuestras palabras, el modo en que las elegimos y nos expresamos más parecen una amenaza de “choque” que una “invitación” a debatir. Por supuesto hay otras causas, supongo, pero pienso que esa es una de las que están presentes en el paganismo actual a la hora de generar mal ambiente, malos rollos y desencuentros innecesarios. Hablar como si nuestra opinión no fuera una opinión si no la verdad invita a chocar, no a debatir. Incluso si lo que opinamos y la verdad fueran exactamente la misma cosa.

Es desde las opiniones como nacen y se generan los debates, desde la “verdad” solo se generan choques o rebaños.

Hay dos palabras verdaderamente “mágicas” a la hora de iniciar y hacer continuar un debate y son: “yo opino..”

Sin su magia no hay debate.